Vivencia personal

Vivencia personal. Begoña Sánchez, acompañante de Infancia de la diócesis de Santander .




 

 
Salí de mi casa con fe, sintiendo el peso de la soledad en que dejaba a mi marido, que no disfrutaba de buena salud en esa temporada. El objetivo era ir a Santiago de Compostela, respondiendo a la llamada de poner mi grano de arena en la asamblea de ACG.

Estaba llena de alegría porque esperaba recibir como en las anteriores asambleas la fuerza para seguir viviendo con más ilusión mi vocación a una vida cristiana sincera. También me alegraba pensar que los quince niños que llevábamos de la diócesis de Santander podrían tener una vivencia religiosa importante, diez de los cuales pertenecen a los grupos de postcomunión que yo acompaño personalmente.

He tenido la gran suerte de pertenecer al equipo de acompañantes de los niños en la asamblea. Quiero destacar la familiaridad del trato que hemos tenido en el equipo, lo fácil que ha sido realizar esta tarea con la ayuda del material exhaustivo que nos había preparado Alba a los acompañantes y el apoyo constante de los coordinadores: Mª Cruz, Ander y Moncho, entregados a hacernos disfrutar en cada momento de nuestra tarea.

Los niños han puesto la alegría y la espontaneidad para tender lazos de amistad con todos, también con los adultos. He disfrutado mucho viendo a los niños de mi diócesis divertirse con los niños de toda España, abriendo sus grupos naturales a todos en los momentos de ocio. También he constatado que los niños han trabajado bien en los doce grupos formados con el criterio de mezclar las diócesis y tener edades parecidas. Les he visto aguantar horas de reuniones sin perder la motivación y han respetado el clima en las celebraciones, a pesar de ser excesivamente largas para ellos. Quizás ha faltado un mecanismo que facilitara la participación de los niños en la asamblea en que aprobamos los objetivos del próximo cuatrienio; creo que los niños se han sentido fuera de lugar y no han comprendido el porqué de su participación en ese acto.

Me quedo con la esperanza de que el próximo curso todos los niños, jóvenes y adultos de la ACG sepamos ayudar a que en nuestros grupos se viva el espíritu de esfuerzo, alegría y apertura para que, con la ayuda de Dios, demos frutos en la tarea de evangelizar nuestros barrios y diócesis.

Fe, alegría, familiaridad y esperanza son cuatro palabras que recogen la esencia de mi vivencia personal de la III Asamblea General de ACG.