Soy más fuerte de lo que creo

Soy más fuerte de lo que creo, mi camino a Santiago de Compostela.




 

 
Me llamo Miguel Angel y tengo 10 años, este tramo final del Camino de Santiago fue más que una caminata para mí, fue toda una aventura.

El camino estaba organizado para hacerse del 28 de julio al 2 de agosto, pero mi aventura comenzó desde el 26 que salimos de Barcelona, era la primera vez que viajaba en un tren hotel y las 15 horas del viaje no se hicieron nada pesadas, llegamos a Vigo, ahí nos recogieron en autocar y nos llevaron a Tui. Nos dieron unas identificaciones de colores y el código de un “grupo de vida” que usaríamos después, nos instalamos en un pabellón, nos duchamos, comimos y tras pasear un poco fuimos a la Catedral para una misa de “envío” (a dónde? ..pensé yo) La misa fue en la plaza frente a la catedral, la que poco a poco se fue llenando de gente de diócesis de diferentes partes de España.

Llegó la mañana del 28, despertarme a las 6 de la mañana no fue muy de mi agrado pero había que hacerlo, nunca había hecho una cola tan larga para recoger el desayuno pero días después se me hizo normal. Una plegaria antes de partir nos daba “fuerzas”. Empezó el desfile de las más de 1200 personas que hicimos el camino. El paisaje muy bonito, pero tantos árboles hacían un poco interminable el llegar a O Porriño, de repente salimos de aquella montaña y entramos al pueblo y el sol nos acompañaba calle tras calle, no sé cuántas veces pregunté “falta mucho?” Después de una rotonda y un par de calles por fin entramos a un colegio. Sin darme cuenta había caminado 18 kilómetros!! Nos llevaron a Vigo en autocar, ahí comimos y yo solo quería descansar.

Día 29 de julio, de nuevo la misma rutina: levantarme a las 6, recoger mi colchón, hacer cola para el desayuno, plegaria y caminar. Me animaba el saber que caminaría un poco menos que el día anterior, pero me sentía cansado. A medio camino de Redondela había un bus escoba y le dije a mi madre que quería subirme y ella me dijo que acabe esa etapa y que después ya veríamos, además me dijo algo que no olvido “ siempre puedes hacer más de lo que crees”. Después de comer nos reunimos según el grupo de vida que nos tocaba, conocí a otros niños y lo pasé guay.

Día 30 de julio, caminaríamos 18, 5 kms más para llegar a Pontevedra, mi madre me preguntó como me sentía y le dije que muy bien, y era verdad!! No me costó mucho levantarme temprano y me sentía bastante animado. Ese día pasó algo extraño: un señor que miraba por la pared de su casa nos regaló unas flechas de madera que él mismo hacía. Mi madre le ofreció pagarle y no quiso, después de comer, el Toni un mossén de Vilassar dijo que las reparta al grupo, sobraron unas pocas y eramos casi 60, vaya regalo nos dió ese señor!!

Día 31 de julio, ese día tocaba caminar 23 kms!! A pesar de mi buen ánimo creí que no podría caminar toda la etapa, el hablar en el camino con otros niños y el mossén de mi parroquia me distraía, hizo mucho calor ese día, me mojé la cabeza varias veces, no veía la hora de llegar. Las conchas que señalaban el camino cada vez marcaban menos kilómetros a nuestro destino y eso me llenaba mucho porque más que contar lo que me faltaba, contaba lo que había caminado y eso me animaba más. Finalmente llegamos a Caldes de Reis y me entró un subidón al darme cuenta que ya llevaba caminados 75kms, no me lo podía creer!!

Día 1 de agosto, me desperté super animado y con ganas de caminar, no podía explicarlo: se supone que cada día debería sentirme más cansado que el anterior, pero sentía que era al revés, me sentía más fuerte y resistente. Ese día llegamos a Padrón, había una arboleda al lado de un río y había que cruzar un puente para llegar al pabellón. Bajé hasta el río aunque no me metí al agua. Ese día me encontraba tan cansado que me dormí mientras esperaba para ducharme, pero estaba muy contento y creo que todos sentían el mismo subidón que yo, porque en la noche hubo un concierto y todos saltaban y bailaban.

Llegó el 2 de agosto!! Y sólo habían 25 kms entre Santiago y yo, pensé: esto está chupao!! Ese día la rutina cambió un poco, todos vestíamos una camiseta amarilla que nos dieron el primer día y después del desayuno nos reunimos con nuestro grupo de vida y así caminaríamos hasta una parada en Milladoiro para comer, ahí descansamos un poco y hubo una misa. Yo participé como monaguillo ese día junto con dos amigos más y no paré de bostezar durante la misa, era gracioso ver tantas camisetas amarillas juntas, parecían minions.. Después de las 5 de la tarde nos agrupamos por diócesis de nuevo y empezó la parte más excitante del camino. Nos quedaban sólo 6 kms y la euforia se notaba a cada paso, la alegría pasaba de persona a persona, algunos cantaban, otros tarareaban canciones y mi cansancio.. dónde estaba mi cansancio? También yo empezé a cantar: “Camarerooo..” jijijijiji. Hay una imagen que no olvidaré: debíamos cruzar la carretera por un puente peatonal, desde ahí arriba había una cola interminable de puntitos amarillos tanto hacia adelante y hacia atrás de donde estaba, era flipante!! Ya habíamos entrado a la ciudad de Santiago y para ir en un solo grupo hicimos una breve parada en el parque de la Alameda, estábamos a unas pocas calles de nuestro destino y la emoción era desbordante, móviles, cámaras, todos querían inmortalizar estos momentos, seguimos y ya se veía la punta de una de las torres de la catedral!! La gente corría, algunos nos cogimos de la mano, todos teníamos una sonrisa de oreja a oreja y de pronto, estábamos en la plaza de Obradoiro!! La alegría y emoción se transformó en abrazos, besos, lágrimas y una frase se repetía entre todos: “Lo conseguimos!!” es imposible describir este momento, hay que vivirlo.

Empezé este escrito hablando de una aventura, eso ha sido para mi, una aventura inolvidable. He conocido algunos pueblos de Galicia que ahora puedo ubicar en un mapa, he conocido niños de otras partes de España, también he aprendido a hacer cosas que no hacía antes como lavar mi propia ropa a mano, he tenido que cargar mi propia mochila y siento que de alguna forma he crecido un poco, de hecho mi madre ha dejado de llamarme “peque” ahora me llama “campeón” y sí, soy más fuerte de lo que creía.

Miguel Ángel Valentín Quevedo
10 años
Barcelona
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