Detalles del Itinerario de formación cristiana

El Itinerario... más en detalle

El “Itinerario de Formación Cristiana”, pretende ayudarnos a «llegar a vivir en comunión vital con Jesucristo, que implica y conduce a la comunión con la Santísima Trinidad.

Toda la fe cristiana, todo el vivir y el hacer del cristiano, brota de esta comunión y se alimenta constantemente de ella. En efecto, esta comunión con Jesucristo y esta confesión de fe trinitaria, es lo que nutre en profundidad “la dimensión religiosa” del cristiano y alimenta “la dimensión eclesial” de su vida y “la dimensión social” de su compromiso»

 

DOS ETAPAS

 

Los participantes en los grupos de formación deben tener clara conciencia de que el conjunto del Itinerario trata de propiciar una formación cristiana integral, como hoy se necesita: catequética y militante.

Tradicionalmente, los distintos Planes de Formación para adultos con los que hemos contado, pecaban de incidir en una de las dimensiones, “descuidando” la otra, con lo que la “progresiva adquisición de unos modos de ser, pensar y actuar profundamente cristianos” cojeaba. El “Itinerario de Formación Cristiana para Adultos” trata de subsanar esta tradición en nuestros Planes de Formación. Por ello abarca dos grandes etapas:

  • La formación catequética trata de ahondar en la identidad cristiana común a todo bautizado, propiciando la maduración de la fe en todas sus dimensiones: una fe conocida, celebrada, vivida, hecha oración, compartida comunitariamente, y anunciada, con obras y palabras, en medio del mundo. Lo esencial de esta Primera Etapa, de inspiración catecumenal, es buscar el equilibrio entre las diferentes dimensiones de la fe indicadas. Se busca una fe integral y equilibrada. Esta etapa [Temas 1-50], al cultivar las diferentes dimensiones de la fe propicia una primera iniciación en la militancia cristiana, todavía fundamental, de un primer nivel.
  • La formacion militante, supuesta la formación básica propia de la primera etapa, trata de ahondar en algo que es especial en un laico: su condición militante, de testigo activo de la fe en medio del mundo. En la Segunda Etapa, lo esencial es buscar el equilibrio entre la espiritualidad y el compromiso cristiano, con obras y palabras, en el mundo que brote desde la hondura de la vivencia cristiana. Esta etapa [Temas 51-100], sobre la base de una identidad cristiana básica, ahonda en la dimensión espiritual y misionera de esa identidad, preparando a los laicos para ser testigos del Evangelio, con palabras y obras, en medio del mundo.


La “formación militante” sin una “catequética” previa puede tener el riesgo de que aspectos esenciales para un cristiano queden más en la sombra: el conocimiento orgánico de la fe, la vida litúrgica, la vida moral, la vivencia comunitaria... Asimismo, una “formación catequética”, obligada a tratar todas las dimensiones de la fe, sin una “específicamente militante”, corre el riesgo de que la preparación para una presencia activa en medio del mundo, tan fundamental hoy y siempre, no sea lo suficientemente profunda.

 

UNA FORMACIÓN QUE ABARCA A TODA LA PERSONA

Se tienen en cuenta especialmente tres dimensiones de la persona interrelacionadas entre sí, las cuales están llamadas a ser presididas, articuladas y unificadas desde la fe vivida. La fe reclama coherencia en cada una de ellas y entre todas. Estas tres dimensiones son:

  • La dimensión noética o racional, por la que el hombre tiende a la verdad y al diálogo con los demás en la búsqueda de la misma.
  • La dimensión afectiva y experiencial, por la que el hombre tiende a la comunicación con los demás y a las vivencias profundas.
  • La dimensión ética o práxica, por la que el hombre tiende amar lo bueno, personal y socialmente y anhela la justicia y la paz.

A lo largo del Itinerario se ha evitado una “reducción” de la fe cristiana a cualquiera de esos aspectos -racionales, emocionales, éticos-, o a la autorrealización centrada en el propio yo. Por el contrario, ha habido un esfuerzo por tener muy presentes estas tres dimensiones y su mutua articulación y buscar que queden marcadas, informadas y presididas por la fe, evitando la tentación de desarrollar una dimensión a costa de las otras o de no vivirlas armoniosamente desde la fe. La unidad fe-vida realmente se da cuando hay unidad fe-razón, fe-vivencias y fe-conducta.


DIMENSIONES FORMATIVAS

Se toman en consideración cuatro dimensiones formativas fundamentales, que dan origen a cuatro partes diferenciadas pero mutuamente implicadas:

  • La Palabra de Dios. La dimensión bíblica: La primera parte, bíblica, supone un contacto personal con la palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura, tal como nos la ofrece la Iglesia. Se centra en la acogida de Dios, que se nos revela en Jesucristo y que nos llama a una respuesta de fe y de conversión. Es un encuentro con Dios que viene a nosotros en la historia y se nos revela mostrándonos su Misterio y su Plan de Salvación; hemos de prestarle el asentimiento de la fe y la entrega total de nuestra vida.
  • La síntesis de fe. La dimensión doctrinal: La segunda parte, doctrinal, se centra en la explicitación del contenido de la Revelación y de la fe. Se trata de profesarla íntegramente (credo), de acogerla y celebrarla gozosamente (sacramentos) y de vivirla coherentemente en el encuentro amoroso con Cristo (oración) y en el comportamiento diario de nuestra vida (moral).
  • La espiritualidad cristiana. La dimensión espiritual: La tercera parte, espiritual, va dirigida a profundizar la catequesis fundamental que contienen las dos anteriores, fortaleciendo la espiritualidad del militante cristiano, llamado a la santidad, mediante el estilo de vida propio del seguidor de Jesús, dócil a la acción del Espíritu.
  • El compromiso cristiano. La dimensión social: La cuarta parte, social, pretende fortalecer el compromiso, el testimonio en el mundo y el espíritu evangelizador y misionero propio del seglar cristiano: en la familia, en la parroquia, en la escuela, en la cultura, en el trabajo, en la convivencia social y en la vida pública.


LA LITURGIA, CONFIGURADORA DEL ITINERARIO

En cada una de las cuatro partes, como dimensión configurante, está presente la dimensión litúrgica y celebrativa. La dimensión litúrgica, y especialmente la Eucaristía, es una dimensión que articula todo el Itinerario, ya que «La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo […] la Eucaristía aparece como fuente y cumbre de toda la evangelización» (Presbyterorum ordinis 5).

La Eucaristía es el centro de todo el plan de formación: «Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de su Señor, se hace realmente presente este acontecimiento central de la salvación y se realiza la obra de nuestra redención» (cf. Ecclesia in Europa 11).


PERSONAL Y GRUPAL

El Itinerario de Formación Cristiana es un proceso formativo en el que se avanza de un modo gradual -por etapas- de acuerdo con una concepción pedagógica activa y participativa. Para ello, el modo de abordar cada uno de los temas es siempre:

  • Personal, al requerir y fomentar el trabajo de uno. El Itinerario se entiende como un medio para ayudar a la persona a construirse una personalidad humana y cristiana madura, rica y con espíritu de iniciativa. Esto exige libertad y responsabilidad, y la formación ha de posibilitar que la persona crezca en su capacidad de vivir en libertad responsable.
  • Y grupal, ya que supone y cultiva el espíritu de comunidad. El grupo busca un mismo objetivo: el crecimiento en la identidad cristiana mediante la colaboración mutua, la apertura al otro y la fraternidad. La persona es la protagonista de su propio proceso formativo, que se construye mediante la reflexión vivenciada sobre la vida, la fe y la acción, compartiendo todo esto en el equipo.


ASUMIR PERSONALMENTE LA FE Y HACERLA VIDA

Este camino formativo consiste, sustancialmente, en ejercitarse en el diálogo y la confrontación continua entre la fe y la vida.

Queremos aprender a interrogar a la propia circunstancia y a la propia vida desde la fe, y a la fe desde la propia circunstancia y la propia vida... para dar forma cristiana a nuestra existencia entera. El Itinerario parte del sujeto que cree o quiere creer, y de su voluntad de confrontar su vida con la fe, para acabar desarrollando la unidad fe-vida en todas sus dimensiones.

Y parte, también de la fe, como don de Dios y como respuesta humana, que se expresa en la entrega libre a él de toda nuestra vida. La clave de la unidad fe-vida está en percibir que toda la existencia humana del cristiano, en todas sus dimensiones, ha de iluminarse por la luz sobreabundante de la fe.

Desde este doble punto de partida, la metodología pretende la apertura al Espíritu de Jesús. Él es quien genera continuamente un nuevo modo de ser, de sentir, de pen­sar, de vivir y de afrontar la realidad. Hace experimentar a la persona un nuevo camino, una nueva orientación y un nuevo sentido para su propia vida personal y para la vida social.


EL VER-JUZGAR-ACTUAR

Este camino formativo, usa la plantilla, esquema o método del ver-juzgar-actuar. Un proceso que hace consciente un mecanismo, muchas veces inconsciente, en nuestra vida. Explicita el modo en que las personas llevamos a cabo las operaciones propias de la vida, aun las más cotidianas, para educarlo cristianamente.

Cada vez que actuamos como personas conscientes y libres, vemos claramente el asunto que tenemos entre manos, lo juzgamos y actuamos en consecuencia. Nada hay que actualice tanto las facultades más nobles de la persona, como llegar a adquirir el hábito y espíritu del ver, juzgar y actuar. Y nada mejor para vivir la fe, que ver, juzgar y actuar de acuerdo con la fe. Vemos, juzgamos y actuamos para vivir la fe desde la vida y vivir la vida desde la fe.

El método se convierte en un estilo de vida en la persona, y nos lleva a pasar por el mundo con los ojos y el corazón abiertos, iluminados por la fe; condiciona las tomas de postura en la vida cotidiana, vaciándolas de una falsa neutralidad; y genera personas con capacidad de intervención conscientemente cristiana en los diversos ámbitos de su vida.

  • El VER no es tanto un análisis sociológico, como un acercamiento a la realidad desde la fe cristiana. Momento de análisis y comprensión creyente de la realidad, para descubrir la vida en profundidad, detectar las causas y consecuencias de cualquier fenómeno o hecho, en todas sus dimensiones. Un Ver que desvele el “acontecimiento” escondido en el espesor de lo real. Ver la vida y la realidad que nos rodea con los ojos de Dios, mirar la realidad como Él lo hace. Y, al revés, descubrir la presencia de Dios que se revela e ilumina la vida y los acontecimientos. Que nos ofrece un sentido salvífico y una oportunidad para responderle con fe.
  • El JUZGAR trata de discernir, desde la Palabra de Dios transmitida por la Iglesia, la presencia y llamada de Dios a asumir su designio de salvación. Es el momento más profundo de encuentro personal y personalizador con la Palabra y Persona de Jesucristo. Es el momento de la conversión y la disponibilidad. No buscamos recetas en el Evangelio y, menos aun, justificar nuestros presupuestos y convicciones. Es dejarse iluminar por la luz de la Palabra de Dios que nos llama al cambio y la conversión personal.
  • El ACTUAR traduce en hechos todo lo anterior: pasar a la acción. Provocar un compromiso, que es mucho más que una actividad, es un talante, una manera de ser y hacer, una fidelidad que, traducida en hechos, nos transforma y transforma la realidad personal, ambiental y estructural. El Actuar es “acción de gracias” que implica una respuesta generosa a Dios.

El método y su concreción mediante este esquema promueven una dinámica de vida cristiana. Un modo de ser, vivir, pensar, sentir y actuar desde la fe... que se genera en la vida de la persona que lo pone en práctica con fidelidad y constancia. Y una dinámica espiritual, que construye cristianos integrales, que van haciendo síntesis vital entre la fe y la vida.


EL TRABAJO PERSONAL ANTES DE LA REUNIÓN

Este trabajo personal implica:

  1. Leer atentamente el tema de que se trata en cada caso, y algunos de los textos de la Sagrada Escritura que se citan. Esta lectura de la Escritura se ha de hacer con la actitud de fe y reverencia que merece la Palabra de Dios.
  2. Orar con alguno de los textos leídos, pidiendo al Espíritu Santo “conocimiento interno” del amor del Padre, de Jesucristo su Hijo y del Espíritu Santo [cf San Ignacio, Ej. n. 2, 104, etc.].
  3. Contestar -por escrito y con brevedad- las preguntas que se proponen en cada tema (dos para el “ver”, dos para el “juzgar” y dos para el “actuar”), y que compartiremos con los demás en la reunión.


DURANTE LA REUNIÓN

Cada uno de estos momentos debe estar orientado por un sincero deseo de conversión personal hacia Dios Padre, de seguimiento de Jesucristo, de docilidad al Espíritu Santo.

  1. Comenzamos con una breve oración vocal (Padrenuestro, Avemaría, Gloria...)
  2. Un tiempo de silencio para renovar la fe en la presencia del Señor, “porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy en medio de ellos”, dice Jesús [Mt 18, 20]. Asimismo, se pueden presentar brevemente intenciones por las que ofrecemos a Dios la reunión.
  3. Leer los textos bíblicos indicados en el tema que han de traerse registrados en la Biblia, por aquellos que se designen en la reunión anterior.
  4. Tres miembros del grupo designados en la reunión anterior, reflexionan brevemente sobre cada uno de los tres aspectos a profundizar, que se señalan.
  5. Cada uno de los miembros del grupo comunica, con brevedad y sencillez, las respuestas a las preguntas (Ver-Juzgar-Actuar) que se formulan en el tema. Estas contienen los sentimientos y reflexiones que la lectura y la oración han suscitado en cada uno. Durante esta parte (la más amplia de la reunión) es importante tener en cuenta que:
    • No se discute. Cada uno debe escuchar sabiendo que a veces el Espíritu nos habla a través de nuestros hermanos.
    • Todos los miembros del grupo deben tener la certeza de que nadie va a juzgar a nadie por lo que dice o calla en la reunión del grupo, siendo fieles a la Palabra de Jesús: “no juzguéis” [Mt 7, 1].
    • La Palabra de Dios “discierne los sentimientos y pensamientos del corazón” [Hb 4, 12]. Cada uno debe preguntarse en su interior: “¿Qué he de hacer, Señor?” [Hch 22, 10].
    • Los demás miembros del grupo pueden ayudarnos a buscar, discernir y encontrar la respuesta a esta pregunta. “La voluntad de Dios, que es lo bueno y agradable y perfecto” [Ro 12, 1-2; 8, 8; Ef 5, 17; Gál 1, 10].
    • La vivencia de la fe debe traducirse en un cambio de actitud, en una conversión y adhesión de fe más profunda a Cristo, y generalmente en una acción o compromiso concreto. La fe, si es viva, es “fe que actúa por la caridad” [Gál 5, 6], y reclama que “no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según verdad” [1Jn 3, 18]. La acción o compromiso inspirado en la fe y en la caridad, nos educa y transforma, nos hace crecer en Cristo-Jesús, bajo la acción del Espíritu Santo. El grupo, si es un grupo de Iglesia, no existe para sí mismo.
  6. Concluir (en la hora prevista) con el Padrenuestro, el Magníficat o con la oración de Jesús al Padre en la última cena [Jn 17]; o con algún cántico apropiado. Oramos en presencia de Jesús y del Padre con la gracia del Espíritu.

Estos apartados que se indican para una reunión, en el caso que se vea conveniente se pueden distribuir para dos o más reuniones.

Cuando surja un acontecimiento o situación especial que desvía la atención del grupo del tema formativo, puede hacerse necesaria otra reunión o encuentro distinto al descrito, en la que se pueda dedicar la mayor parte del tiempo a comunicar, con libertad de espíritu, las experiencias de la vida cotidiana de cada uno en su vertiente individual o en su relación con los demás: en la vida familiar, en el trabajo, en la actividad pastoral. Pueden ser a veces experiencias especialmente gozosas o dolorosas, de esperanza, de frustración, de desánimo, aspiraciones, proyectos...

También en estos casos conviene dedicar algún tiempo a la lectura de una página de la Sagrada Escritura y un tiempo de oración en silencio. Esta comunicación tiene como finalidad principal abrir nuestra vida a la Palabra de Dios y a la “gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo” [2Co 13, 13].


OTRAS OBSERVACIONES

  • El valor del grupo para la formación, la vida espiritual y la acción, depende decisivamente de la claridad mutua de sus miembros, de la regularidad y perseverancia, de la fidelidad a un método con los elementos indicados anteriormente.
  • El grupo de formación cristiana ha de promover la fidelidad a la verdad, el amor y la unidad, la reconciliación y la paz; ha de vivir con la alegría de la fe en el amor de Dios y de la esperanza en Cristo Resucitado. Un grupo de cristianos ha de encarnar en su vida la misericordia y la ternura de Dios Padre, la mansedumbre y humildad de Jesucristo, y la comunión del Espíritu Santo.
  • En la reunión trataremos de ayudarnos a amar más a Dios Padre y a nuestro prójimo, en unión con Jesucristo, el Hijo Unigénito, con la gracia del Espíritu Santo. Si amamos a Dios como Él quiere ser amado, todo lo demás se nos dará por añadidura.
  • Los momentos de tensión, de crisis, sufrimiento, pesimismo o desolación, deben servir para crecer en la esperanza, en la fe viva, en la caridad. Será preciso dirigir una mirada de fe y confianza a Jesucristo y pedirle, por la intercesión de la Virgen Inmaculada, el don del Espíritu para amar a nuestro prójimo desde el amor con que Él ama a cada uno.
  • Conviene dedicar alguna reunión a una evaluación y revisión de cómo va desenvolviéndose la vida del grupo: aspectos positivos, cómo nos ayuda, aspectos deficientes, líneas de superación...
  • La Palabra de Dios, aceptada en la fe de la Iglesia, debe iluminar toda la vida de la persona en su dimensión individual y social. Ninguna zona de nuestra vida debe quedar fuera de la soberanía de Cristo [cf Col 1,13-20; Ef 1, 10-23]. Toda nuestra vida debe orientarse a la comunión con Cristo, con el Padre en el Espíritu Santo, con la especial ayuda de la Virgen María, Madre de Cristo y de la Iglesia.


EN RESUMEN

En resumen, el Itinerario pretende que de modo gradual y progresivo:

  • Conozcamos en profundidad el contenido de la fe cristiana y las implicaciones de la misma en todos los aspectos.
  • Redescubramos la grandeza de la vocación recibida en los Sacramentos de Iniciación Cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía.
  • Vivamos consecuentemente con ella como cristianos adultos y comprometidos.