El Covid desde la fe

Testimonio de Juanjo Vivo Molina

Enfermero - Diócesis de Cartagena

 
 
 

 

Hola, me gustaría compartir un testimonio de presencia de la Iglesia en el acompañamiento de aquellos que tienen poco o nada, y de los que pocos se acuerdan en estos difíciles tiempos. “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” Mt 5,4

Me llamo Juanjo, soy de Murcia y soy enfermero. Trabajo en un servicio de urgencias extrahospitalarias , con lo que mi contacto con el COVID19 ha sido, en algunos momentos, más que cercano y estresante.

Siempre he dicho que si hay un trabajo que te acerca de verdad a las realidades de una persona, ese es el nuestro, el de enfermería en particular y el de sanitarios en general. Cuando nos llaman, nos presentamos ante personas sin maquillajes, en sus casas tal y como son; las visitas de urgencias no dejan margen para retoques. En situaciones de tensión somos testigos del tipo de relaciones entre los propios miembros de las familias, de la soledad de muchas personas, del tipo de alimentación, de los estilos de vida, de sus recursos y también de sus carencias; porque incluso a pesar de ser intervenciones puntuales, muchas personas abren su corazón y expresan sus miedos, sus creencias, sus necesidades...y también, a veces, sus iras y desahogos.

Pero hablar de mi experiencia laboral en esta crisis me llevaría demasiado espacio: muchas anécdotas, traslados complicados en ambulancia hasta la UCI, experiencias asfixiantes metidos en EPIS que ni te dejan respirar ni ver, numerosas personas inmersas en los macabros números de esta cruel tragedia, familias rotas, etc...

Aun así, he de añadir que mi fe compartida a diario con mi familia, especialmente con Mari Carmen, y la cercanía de la Eucaristía a través de redes sociales, son el vehículo que me ha lleva cada día con una sonrisa y sin miedo a mi puesto de trabajo.
“Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor” Salmo 39

Cuando escribo al principio que mi testimonio es de la presencia de la Iglesia, quiero referirme a todos los voluntarios de Cáritas de El Palmar que, desde el minuto cero, se han volcado en dar una respuesta rápida a las situaciones que parecía que iban a aparecer ...y que al final aparecieron.

La oración es el sustento de toda acción y esta tarea queda encomendada de manera más especial a aquellos compañeros que, por edad o por motivos de salud, tienen que quedarse en casa. Hemos sentido su aliento en cada palet de alimentos descargado, en cada lote de comida entregado, en los innumerables viajes para repartir alimentos en casas, en los ratos de limpieza del local...
“Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha” Salmo 33. Y Él no nos ha dejado ni un solo segundo solos.

Finalmente, quedamos 4 voluntarios para intentar llevar a cabo la tarea en que todo se ha multiplicado por 3: número de familias que atendemos semanalmente, cantidad de comida que repartimos, número de horas dedicadas cada día e incluso el número de días a la semana.

Lo más duro, sin lugar a dudas, es el reparto, y para ello contamos con la ayuda de personas que, de manera desinteresada, se han presentado voluntariamente aliviando enormemente esta tarea con su inestimable esfuerzo. “Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis” Mt 10,7-15

A pesar de que más y más papeles inundan el despacho, intentamos identificar en cada nombre impreso el drama que nos va a tocar enfrentar, porque al final les ponemos cara a los expedientes a pesar de esconderse tras mascarillas de elaboración casera. Y nos hablan de la vida, de sus vidas; y nos muestran de cerca como el miedo a la enfermedad está metido en el cuerpo, pero la necesidad les hace salir y desafiar las medidas impuestas porque, la incertidumbre de una nevera casi vacía y las pocas opciones de obtener ingresos en tiempos de recortes, te dejan pocas alternativas cuando tienes bocas que alimentar. Y Cáritas siempre asume estos retos.
“Donde quiera que estén dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” Mt 18,20

Intentamos multiplicar panes y peces para esta multitud y gracias a la generosidad de muchas personas y empresas lo vamos logrando.

A veces toca buscar herramientas para que ningún niño pueda dejar de recibir las clases desde su casa recogiendo tablets y portátiles viejos; otras un mueble, un colchón; y, casi siempre información de ofertas de trabajo que nos llega, sobre todo, desde el sector del campo.

Es el momento de ponerse el mono (con mascarilla y pantalla protectora) y trabajar. Ya llegarán las revisiones y correcciones cuando todo esto pase, y las felicitaciones y tirones de oreja, porque antes o después, esto será historia y habrá que evaluar.

De momento esperamos pacientes y expectantes, confiando en el que nos envía.
“Con confianza podemos decir: El Señor es mi auxilio; no temeré” Hb 13, 6

Al final de la tarea llegas a casa, dejas el calzado fuera, metes la ropa en la lavadora (al menos una hora, al menos a 60º) y te duchas. Luego evitas besar y abrazar a tus hijos y a tu pareja, aunque estás deseando.

Y cada día en familia damos gracias al Padre por hacerse tan presente en nuestras vidas y mantenernos un día más a salvo.
“¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?”  Salmo 115