El Covid desde la fe

Testimonio de Mª José de la Esperanza

Diócesis de Madrid

 
 
 

 

En estos momentos duros, de incertidumbre, de miedo, Mª José de la Esperanza que se contagió del Covic-19 comparte con todos nosotros sus sentimientos y esperanzas vividos en su enfermedad.

¡Hola a todos mis amigos!  

Por fin hoy, después de 22 días luchando contra el virus, puedo decir que me encuentro bastante bien. Sigo algo débil pero mucho mejor que hace días. He superado la cuarentena y hoy ha sido mi primera salida a la calle. Pensaba en este momento y lo veía muy muy lejano pero ha llegado por fin. Doy gracias a Dios por ello y a todas las personas que me han estado preguntando y rezando por mí. Ahora puedo deciros que este virus se vence y que yo he tenido la gracia de conseguirlo.

Algunos me han preguntado si he tenido miedo en estos días de soledad y enfermedad en casa. Puedo deciros que la primera noche, a las 4 de la mañana, con mucha fiebre y sin conseguir contactar con ninguno de los teléfonos “oficiales” para este caso, pasé un momento de temor. Pensé que quizá tendría que ir a un hospital y me agobiaba pensarlo. En ese momento de insomnio e incertidumbre cogí el rosario de mi mesilla y empecé a desgranar las avemarías. Fue un rezo monótono y distraído pero no se me pedía más en ese momento. Era suficiente el deseo de ponerme en manos de Dios y agarrarme a la mano de su Madre, María.

Transcurrieron los primeros días con mucha fiebre y una gran sensación de abandono por parte de las autoridades sanitarias puesto que tras muchísimos intentos de hablar con ellos, al conseguirlo y no presentar patologías respiratorias graves, quedaban en que me llamaría un médico y nunca lo hicieron. Agradezco a mi doctora y amiga Lucía Gallegos que respondiera a mi WhatsApp desesperado de los primeros días y me diera la pauta a seguir en mi cuarentena en casa completamente sola. Ha sido una prueba, os lo aseguro. Me consta que esta misma situación la están pasando muchas personas que tampoco se contemplan, como yo, en las cifras oficiales de contagiados pero lo hemos estado aunque no se nos haya hecho la prueba.

En estos días de enfermedad y confinamiento me ha ayudado mucho poder seguir la Eucaristía de mi parroquia por Youtube. Me he sentido unida a toda la Iglesia cuando rezaba la Liturgia de las Horas y cuando daba paseos por mi casa rezando el rosario. Estos momentos de oración me ayudaban a distribuir el día y marcar un ritmo para evitar, especialmente al principio, hacer de estar sentada/tumbada en el sofá la única actividad del día a día.

Mi grupo de revisión de vida de Acción Católica ha estado muy pendiente de las tres personas contagiadas del grupo. Cada mañana dábamos el parte médico por WhatsApp y hemos estado en constante comunicación.

De esta experiencia tan dramática y de tanto dolor y muerte pido al Señor que podamos  sacar muchas enseñanzas para la vida. Valorar el trabajo y las relaciones humanas que se dan en él; valorar la salud y las posibilidades que te da el estar al 100% de tus fuerzas; aprovechar el trato con los demás sin escatimar abrazos, sonrisas y besos;  dar gracias por tantas personas que trabajan cada día para cubrir nuestras necesidades básicas de comida, salud, protección, transporte…Creo que es una gracia que tenemos que pedir para todos ahora que hemos sido sacudidos en nuestra creencia de ser seres omnipotentes, autónomos e independientes.

En especial mi gratitud a todo el personal sanitario, de limpieza, a los que trabajan en farmacias y supermercados y, por supuesto, al Ejército y fuerzas de seguridad del Estado que tanto nos tranquilizan en esta situación. Un recuerdo especial para mis ancianos padres y los miles de mayores, en sus casas o residencias, que son los más vulnerables ante esta pandemia.

RESISTIREMOS.