Testimonio de la Asamblea de UMOFC

Rosa Pérez en la Asamblea de UMOFC

Rosa nos quiere transmitir sus experiencias vivenciales en la última asamblea de UMOFC

 

 

 

“Me gustaría transmitir lo que fue África. Nunca experimenté nada así. África tiene su propia personalidad. A veces es una personalidad triste, a veces impenetrable”.
Ryszard Kapuscinski.

Leo estas palabras de Kapuscinski, y me siento identificada con todas y cada una de ellas. África tiene un encanto, un misterio, una belleza que provoca que la observes con admiración y un gran respeto. A estos sentimientos, se une la tristeza ante la visión de la miseria extrema, que contrasta con la sonrisa y la mirada limpia de las personas que soportan esa pobreza.

Hace unos días, Alba, nos contó una buena parte del trabajo realizado en la Asamblea de UMOFC, así que yo voy a intentar transmitir algunas experiencias, desde lo vivencial.

Para empezar, la sensación de sentirse en minoría. En ocasiones nos hacía cierta gracia, sentirnos “exóticas” para las africanas, que querían fotografiarse con nosotras, pero este sentirse en minoría también genera cierta inseguridad. Cada vez que salíamos del hotel donde se celebraba la Asamblea, nos desplazábamos en una docena de autobuses, escoltados por la policía. Imaginaos, en un país como Senegal, mayoritariamente musulmán, cerca de 500 mujeres, y cristianas. Me gustaría provocar con esto un ejercicio de empatía con las minorías, sean del tipo que sean, que nos rodean a diario.

Algo que comentábamos entre nosotras con cierta admiración es lo que transmiten las mujeres africanas, no hace falta que digan nada, solo su presencia resulta atractiva, poderosa. La manera en la que se mueven, la dignidad que transmiten, la compostura de cabeza alta y mirada limpia. Y su música interior, que se convierte en baile a la mínima oportunidad. Imaginaos, había momentos en la Asamblea en que una mujer cogía el micrófono, empezaba hablando y terminaba cantando, una alabanza, una acción de gracias a la que terminábamos uniéndonos todas (algunas hacíamos lo que podíamos). La expresión de la fe en África está llena de simbología, alegría y un profundo respeto. Llevan su fe por bandera, (en un país musulmán, insisto), y lo hacen visible, hasta en sus vestidos, cuyas telas llevan algún motivo religioso, y lucen como signo de identidad.El domingo, una vez finalizada la Asamblea, asistimos a una Eucaristía a la que vinieron unas 4000 mujeres desde muchos puntos de Senegal. La fiesta, la alegría, los símbolos, utilizados, nos hicieron vivir, y ser testigos de una comunión intensa, ecuménica, ya que participaron personas de otras religiones. Creo que a ninguna de nosotras se nos va olvidar esa Eucaristía, ojalá seamos capaces de transmitir la alegría de la fe, con la pasión y la firmeza de esas mujeres de cabeza alta y mirada limpia.

Dejo para el final, la experiencia más intensa e impactante. La visita a Sam Sam, un barrio de la periferia de Dakar, donde la miseria se mastica, se huele, se te pega a la piel… a este barrio llega la gente del campo, huyendo de la pobreza y el hambre, y se encuentran exactamente con lo mismo, pobreza y hambre. En Sam Sam, vive desde hace años Regina, una monja, nacida en el Bierzo. Regina es pequeñita por fuera, e inmensa por dentro. Regina tiene superpoderes, literalmente los tiene. Posee la capacidad de hacer una lectura de las necesidades presentes y futuras, y encontrar la manera correcta de cubrirlas. Posee la fortaleza necesaria para llevar a cabo su tarea, con humildad, y firmeza; de administrar sabiamente las ayudas, los insuficientes recursos que le llegan. Con todo esto, su sonrisa y la luz que despide, Regina tiene uno de las mejores superpoderes que se puede tener: Ayudar a generar oportunidades de una vida más plena a niñas y jóvenes de este barrio, dignificando su vida y su trabajo, formarlas para que sean mujeres con confianza en sí mismas, autónomas, libres… Todo esto lo consigue desde su labor en una escuela en la que las niñas, además de aprender a leer y a manejarse con los números, aprenden un oficio. Unas de costura, otras de hostelería. Esto les permite trabajar de manera autónoma, y con una buena formación. Este proyecto está financiado en parte por Manos Unidas.

Pasear por Sam Sam con Regina nos regaló momentos especiales, de contrastes, de conocer el día a día en las calles del barrio, darnos de bruces con la realidad de pobreza, pero también de capacidad de superación, la suciedad de las calles, entre las miradas limpias de quienes las habitan. Niños sentados en corro, con sus tablas de madera, aprendiendo el Corán, un niño tocando un bidón de plástico con una zanahoria, haciendo honor al buen sentido del ritmo; o una niña haciendo comiditas de barro a su hermano y a su ajado osito de peluche. La gente sentada en las calles…

Voy a terminar con un recuerdo a mis compañeras de viaje, las que hemos viajado; las que han quedado en casa, pero han volado hasta Senegal en nuestro pensamiento, y nos han enviado su ánimo y su apoyo; las que han permitido, con su trabajo desinteresado, o su aportación económica que hayamos vivido esta experiencia; un recuerdo especial a otro ser de luz, que nos ha abierto las puertas de Senegal, nos ha hecho de anfitriona, nos ha traducido, no solo las palabras, sino las expresiones, la vida… un pintoresco grupo, con casi 70 años de diferencia entre la más joven y la más mayor, diferencia que no se aprecia en la ilusión y la capacidad de disfrutar la experiencia.

No puedo hacer otra cosa que dar gracias a Dios, por la UMOFC, por África, por los baobabs, por las canciones en los pasillos, por la diversidad, por el arroz para comer y cenar, por el desierto desde el avión, las caracolas en la playa, por las risas en el ascensor, por las charlas nocturnas envueltas en repelente de mosquitos, por los bailes, el color, el olor, el calor, por todo lo vivido y sentido…

¡GRACIAS!