Homenaje a Consuelo Álamo Álamo

Homenaje a Consuelo Álamo Álamo

“Muchas gracias. Sois todo detalles. Feliz descanso con la satisfacción plena”.

 

Permitidme que empiece estas letras con la última frase que nos brindó en el grupo de WhatsApp de Acción Católica de Burgos dos días antes de su muerte. De nuevo el tiempo nos enseña la lección más difícil de aprender, y es que somos peregrinos del camino de la vida.

Consuelo Álamo Álamo, ha concluido esta peregrinación. Un camino lleno de amor a Dios iluminando con su Fe y su devoción a cuantos hemos tenido la gran suerte de compartir con ella no sólo momentos de oración sino de comunión.

Siempre atenta a los más pequeños detalles consiguiendo con sus palabras que la rutina de cualquiera se convirtieran en un tesoro inigualable. Sin duda que amaba la vida, vida que vivió desde la humildad de quien no puede tener enemigos y como una flor escondida bajo la hierba nos fue ganando el corazón. Humildad como caída del cielo, como jamás la he conocido en nadie.

Recuerdo la alegría y el gozo que mostraba el brillo de sus ojos por las dichas de todos, y sufriendo como suyas las tristezas de quien lo acompañaba. Pero siempre con gestos de ilusión, palabras de ánimo y besos llenos de paz.

No había barreras. En cada obstáculo veía una oportunidad para crecer y en cada caída una oportunidad para descubrirse y reconocer la presencia de Dios. Y así lo demostró cada día con una vocación clara como laica consagrada “al servicio y al honor de Dios” (LG,44), como auténtica misionera en OCASHA luchando inconformista en tierras dejadas de la mano del Hombre y por su puesto en su querida y amada Iglesia, nuestra Iglesia, nuestra ACCIÓN CATÓLICA. Tantos años a su servicio. Su sonrisa y dedicación caminaron en todo momento con ella de la mano. Nunca vi en Consuelo un mal gesto ni una mala cara. En su hablar se respiraba la bondad ante la que siempre nos hemos quitado el sombrero. Sólo podemos dar gracias a Dios por el regalo de su vida, por lo que conocimos y por todo lo oculto que fue forjando a fuego lento transformando en la Iglesia. Gracias Consuelo por mostrar siempre el rostro más bello de la Iglesia. Por entender tu vida como misión.

A veces tengo la sensación que nos pasamos la vida aprendiendo a morir… Y esta fue la última lección que nos brindó Consuelo, en la dureza de su enfermedad, con una mano agarrada a Dios y la otra despidiéndose: “Muchas gracias. Sois todo detalles. Feliz descanso con la satisfacción plena” AMÉN.