Testimonio de Alba Martorell en la Asamblea de la UMOFC

Experiencia en Dakar - Sector de Jóvenes

Testimonio de Alba Martorell, joven de la diócesis de Tortosqa que ha participado en la Asamblea de la UMOFC en Senegal.

 

Uno de los compromisos que sacamos el grupo de las jóvenes de la asamblea de la UMOFC en Dakar fue compartir lo que habíamos hecho y vivido, así que gracias, porque con esta ya van varias oportunidades: me lo habéis puesto muy fácil.


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Quizá os preguntéis qué es la UMOFC: Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas. Más de 100 organizaciones de 66 países de los 5 continentes tienen representación en esta red mundial. De España fuimos 11 personas de la ACG, ANFE y Manos Unidas. Además, viajamos con Teresa Compte, que venía como ponente.

Al principio, reconozco que me chocó la idea de que fuera una organización solo de mujeres porque, aunque sea en asociaciones que trabajan específicamente por los derechos de la mujer, estamos acostumbrados a los grupos mixtos. Pero enseguida entendí la razón de esta discriminación positiva: la realidad no es la misma en todos los países. Para muchas mujeres es más fácil asociarse entre ellas y esto nos empodera y permite trabajar temas que nos incumben. Aunque, ¿qué temas no nos incumben? La UMOFC tiene la capacidad de juntar a mujeres de todo el mundo -éramos 450, que se dice rápido- para reflexionar y trabajar sobre cuestiones, más que importantes, necesarias para la humanidad. Porque el bien que podamos hacer las mujeres del mundo, en este caso cristianas, trabajando unidas y dejando a un lado las diferencias (que también las hay) no es solo en beneficio propio sino de todos.

El lema del encuentro era “Mujeres de la UMOFC, portadoras de agua viva a un mundo sediento de paz”. Si lo pensáis, es una imagen super bonita, porque se refiere a la labor de, por una parte, dar de beber al sediento, que es algo práctico y urgente, pero, por otra, habla de saciar llevando a Dios a los demás.

Cada 4 años hay asamblea, y la razón de que fuera en Dakar es que se intenta hacer rotación por los continentes. Que África fuera el país que nos acogía lo hizo todo muy especial. Para nosotras, ya nos perdonaréis, era todo muy exótico: los autobuses con las maletas encima, los lavabos tipo letrina, los pajaritos que merodeaban el hotel, los baobabs... por no hablar del olor a repelente de mosquitos que desprendíamos todas, los estragos con la traducción simultánea, los intentos de bailar en los espectáculos del hotel, nuestra actuación estelar de La Macarena, mi intento de africanización con un pañuelo en la cabeza, o el divertido ofrecimiento de una mujer para que me casara con su hijo en Nigeria... y seguiría.

Termino con el ver. Estábamos en un hotel a dos horas de Dakar, en la región de Saly. En la ciudad estuvimos poco, pero fuimos el primer día a la catedral para la misa de bienvenida y al teatro nacional donde nos recibió el Presidente de la República. Una tarde visitamos la Isla de Gorée o “de los esclavos” -quizá ya os imagináis el espeluznante por qué del nombre-. También tuvimos una cena cultural, donde pudimos ver bailes y vestidos de todos los tipos y colores. La celebración final la hicimos en un santuario a las afueras de la ciudad (solo os diré que nunca había llorando tanto y bailado tanto en una misa) y, por último pero muy importante, la visita a un proyecto de Manos Unidas en el barrio de Sam Sam. Adela, que lleva 1 año en Senegal con MMUU, nos llevó a ver a la hermana Regina, que dirige un centro de formación de chicas jóvenes. Su labor merecería que parara aquí y empezara a escribir un artículo solo sobre ella. Club de fans de Regina (y de toda la gente anónima que hace mejor el mundo) ya, por favor.

 

JUZGAR

La función de la asamblea es votar la nueva presidencia, renovar el consejo y escoger unas propuestas de trabajo para los próximos años. La nueva presidenta es María Lía, una mujer argentina que cuenta con el cariño de todas. En el nuevo consejo estará una chica húngara del grupo joven, Sarolta, lo cual nos hace mucha ilusión para tener voz. Y las resoluciones que votamos, super interesantes todas, fueron estas:

1. Un planeta saludable depende de todos nosotros
2. Cuidemos la familia en situaciones difíciles, especialmente a sus integrantes más vulnerables
3. Eliminemos la discriminación y la violencia contra la mujer
4. Eduquemos para responder al llamado a la santidad
5. Educar y proteger en el uso responsable de las nuevas tecnologías de la informática para tener familias sanas

Antes de las votaciones, tuvimos 2 días de estudio donde tratamos básicamente las encíclicas del Papa. Londa Ghisoni habló de la Amoris Laetitia y me gustóla idea de no ser “cristianos de tumba”. Teresa nos habló de la Laudato si, donde se propone una alternativa al capitalismo tecnocrático e individualista que promueve el descarte, a combatir con una actitud de cuidado y promoviendo la cultura del encuentro. Donna Orsuto trató la Gaudete et exultate, que habla de una santidad del día a día. También tratamos las migraciones forzadas y como estas desarticulan la vida de las personas y las familias en particular. O de los problemas de tierra y residuos en África, entre otros temas.

Los grupos de trabajo se dividían por regiones, pero las jóvenes de todos los países trabajamos juntas en un grupo. Fue muy enriquecedor ver como el punto de vista de cada una era muy diferente y las prioridades de cada país también cambiaban, pero a pesar de ello podíamos llegar a un acuerdo.

 

 
 
 

 

ACTUAR

Nuestro actuar como grupo de jóvenes en la asamblea fue hacer un discurso final. Lo preparamos entre todas y tube la oportunidad de leer una parte, junto con Denisse de México y Almudena de Argentina, porque lo hicimos en español. Propusimos la institución de un comité joven y se aprobó. Las mujeres mayores estaban muy emocionadas con la iniciativa y nos dedicaron palabras preciosas. Nos pusimos el compromiso de hacer difusión de lo vivido (en ello estoy, como podéis leer) y nos marcamos algunos retos para seguir trabajando a distancia (espero podáis ver resultados pronto).

Como compromiso personal, os confieso que me propuse pedir información en Manos Unidas. Me di cuenta de que la oficina de Barcelona está justo delante de donde trabajo, lo tomé como una diosidencia y lo voy a hacer. Ahora que os lo he dicho a todos aquí abiertamente no puedo fallaros.

Me llevo una apertura de mente enorme, nuevas ideas, perspectivas, una gran lección de interreligiosidad, una agridulce percepción de la hipocresía política, una nueva forma -más expresiva y emocional- de vivir mi fe, una mayor sensibilización por la situación de la mujer en el mundo y especialmente de la mujer cristiana y africana, y un duro baño de realidad sobre la pobreza extrema. Necesito saber más y hacer más por África, porque estas mujeres luchadoras, con telas de colores y tocados extravagantes, me han robado el corazón.