Proceso de canonización de Antonio Rivera

Antonio Rivera - final de la fase diocesana del proceso de canonización

El pasado día 27 de febrero se clausuraba solemnemente en la parroquia de San Andrés de Toledo la fase diocesana del Proceso de canonización del Siervo de Dios Antonio Rivera Ramírez, primer presidente de la Unión Diocesana de Jóvenes de Acción Católica.

siervodediosantoniorivera

 

El pasado día 27 de febrero se clausuraba solemnemente en la parroquia de San Andrés de Toledo la fase diocesana del Proceso de canonización del Siervo de Dios Antonio Rivera Ramírez, primer presidente de la Unión Diocesana de Jóvenes de Acción Católica. La reanudación de dicho proceso tuvo lugar el siete de junio de 2014, siendo la parte actora del mismo la Acción Católica General de Toledo y vicepostulador del mismo un militante de ACG, Pepe Salinero.

La clausura del proceso coincidía felizmente con el centenario de su nacimiento.

A los pocos meses de nacer, su familia se traslada a Toledo. Con sólo 17 años, a finales de 1933, es nombrado presidente diocesano de la recién creada Juventud de AC, y desde ese momento se consagra en cuerpo y alma a la AC: organiza varias tandas de Ejercicios Espirituales, círculos de estudios, semanas de estudio, funda personalmente más de 30 centros de jóvenes en la entonces extensa Diócesis de Toledo. Y todo ello a pesar del ambiente sumamente hostil que se vive en España en esos años. Toda esa asombrosa actividad apostólica la fundamenta en una intensa vida espiritual y en una sólida formación. Cuando no era frecuente, Antonio comulgaba diariamente.

Al estallar la Guerra Civil en el mes de julio, decide con la autorización de su padre, marcharse al Alcázar. Las penosas circunstancias que se viven en el Alcázar no le impiden seguir desarrollando su extraordinaria actividad apostólica. Allí se encuentra con más de treinta jóvenes de AC, celebrando con ellos reuniones, círculos de estudio, actos de piedad…Continuamente se le veía rezar y ayudar a sus compañeros a tener, como él decía, “las cuentas arregladas con Dios”. Escogía voluntariamente los puestos más penosos y arriesgados, compartiendo con los más pequeños las escasas raciones de comida y agua que le correspondían.

El 18 de septiembre una granada de mano le arranca el brazo izquierdo. Liberado el Alcázar, es trasladado por sus padres a su casa, donde continúa su etapa de purificación. Se le declara una septicemia que le produce abscesos en la garganta y en la pierna derecha. Los tremendos dolores que sufre casi permanentemente los ofrece por la juventud de AC y por la paz en España.

Sus últimas palabras a su familia y amigos presentes son:”Qué queréis para el cielo?”.

El día de la clausura tuvimos la suerte de contar con la presencia de nuestro Presidente General, Antonio Muñoz, al cuál agradecemos su interés y el apoyo que nos ha proporcionado.

Este proceso no podría haberse finalizado sin el apoyo constante del Sr. Arzobispo de Toledo, D. Braulio, y del Juez Delegado del Sr. Arzobispo, el sacerdote D. Javier Hernández Pinto. Igualmente, agradecer la tarea inestimable del Postulador, el P. cisterciense Pierdomenico Volpi. Sin su buen hacer e interés permanente todavía no se habría cerrado la causa.

Ahora sólo quedar encomendarnos a Antonio, para que si Dios quiere pronto lo veamos declarado Beato.

 

El pasado día 27 de febrero se clausuraba solemnemente en la parroquia de San Andrés de Toledo la fase diocesana del Proceso de canonización del Siervo de Dios Antonio Rivera Ramírez, primer presidente de la Unión Diocesana de Jóvenes de Acción Católica. La reanudación de dicho proceso tuvo lugar el siete de junio de 2014, siendo la parte actora del mismo la Acción Católica General de Toledo y vicepostulador del mismo un militante de ACG, Pepe Salinero.
La clausura del proceso coincidía felizmente con el centenario de su nacimiento.
A los pocos meses de nacer, su familia se traslada a Toledo. Con sólo 17 años, a finales de 1933, es nombrado presidente diocesano de la recién creada Juventud de AC, y desde ese momento se consagra en cuerpo y alma a la AC: organiza varias tandas de Ejercicios Espirituales, círculos de estudios, semanas de estudio, funda personalmente más de 30 centros de jóvenes en la entonces extensa Diócesis de Toledo. Y todo ello a pesar del ambiente sumamente hostil que se vive en España en esos años. Toda esa asombrosa actividad apostólica la fundamenta en una intensa vida espiritual y en una sólida formación. Cuando no era frecuente, Antonio comulgaba diariamente.
Al estallar la Guerra Civil en el mes de julio, decide con la autorización de su padre, marcharse al Alcázar. Las penosas circunstancias que se viven en el Alcázar no le impiden seguir desarrollando su extraordinaria actividad apostólica. Allí se encuentra con más de treinta jóvenes de AC, celebrando con ellos reuniones, círculos de estudio, actos de piedad…Continuamente se le veía rezar y ayudar a sus compañeros a tener, como él decía, “las cuentas arregladas con Dios”. Escogía voluntariamente los puestos más penosos y arriesgados, compartiendo con los más pequeños las escasas raciones de comida y agua que le correspondían.
El 18 de septiembre una granada de mano le arranca el brazo izquierdo. Liberado el Alcázar, es trasladado por sus padres a su casa, donde continúa su etapa de purificación. Se le declara una septicemia que le produce abscesos en la garganta y en la pierna derecha. Los tremendos dolores que sufre casi permanentemente los ofrece por la juventud de AC y por la paz en España.
Sus últimas palabras a su familia y amigos presentes son:”Qué queréis para el cielo?”.
El día de la clausura tuvimos la suerte de contar con la presencia de nuestro Presidente General, Antonio Muñoz, al cuál agradecemos su interés y el apoyo que nos ha proporcionado.
Este proceso no podría haberse finalizado sin el apoyo constante del Sr. Arzobispo de Toledo, D. Braulio, y del Juez Delegado del Sr. Arzobispo, el sacerdote D. Javier Hernández Pinto. Igualmente, agradecer la tarea inestimable del Postulador, el P. cisterciense Pierdomenico Volpi. Sin su buen hacer e interés permanente todavía no se habría cerrado la causa.
Ahora sólo quedar encomendarnos a Antonio, para que si Dios quiere pronto lo veamos declarado Beato