Zaragoza se reúne en comunidad

La ACG de Zaragoza celebra un encuentro de los tres sectores 

Oramos, reflexionamos sobre quiénes somos y qué queremos ser, comimos y jugamos juntas. Todas las voces fueron escuchadas y tenidas en cuenta.

 
 
 
 

Sentíamos la necesidad de encontrar un lugar diocesano donde encontrarnos. Buscamos un espacio, la parroquia de San Ignacio Clemente Delgado, y un tiempo, el 17 de marzo. Cuidamos los detalles, quisimos que fuera un momento compartido; así involucramos a los equipos, a las personas en la preparación: oraciones, reflexión, comida, juegos...

La oración inicial anunció lo que estábamos buscando. Nos enredamos con tres ovillos de lana, cada uno del color de cada sector. Le pusimos voz a nuestros deseos del día: disfrutar, compartir, vernos, preguntarnos... El juego de presentación nos llevó a memorizar nombres y gestos.

La fase de la reflexión fue igualmente participada. “Votamos” qué somos y qué queremos ser como ACG y lo reflejamos en un mural.

Después nos dividimos en cuatro grupos; en cada uno de ellos podíamos permanecer 15 minutos y, a continuación, buscar otro distinto donde aportar nuestros sentimientos y nuestras visiones de las cuatro notas de la Acción Católica. Notas que un equipo se encargó de “adaptar”. Así surgieron: 1. Presencia en el entorno; 2. Organización y funcionamiento; 3. Trabajo en red y con otros; y 4. Protagonismo en la construcción de la iglesia. Niñas y niños tienen su espacio y dinámicas propias.

Estábamos a gusto, de tertulia. Algunas personas no se conocían; otras recuerdan el largo tiempo sin vernos. Nos cuesta contarnos las conclusiones de los grupos, nos puede el encuentro cercano y la charradica sobre nuestros equipos, nuestros trabajos o estudios, nuestros hijos e hijas... Es una gozada que lxs más pequeñxs están en brazos de sus madres y/o padres, o corretean en las salas o en el patio exterior saboreando, a su manera, este espacio-tiempo de lujo.

Por fin, celebramos la puesta en común con un escenario simbólico. La presencia en el entorno se reflejó sobre un mapamundi (con proyección de Peters [1] ). Nos preguntamos por nuestra invisibilidad, nos cuesta reconocemos como cristianxs en la sociedad, parece que tenemos que “pedir perdón”; muchas veces llevamos a cabo acciones individuales, donde falta la sensación de pertenencia a la ACG.

Tenemos una capacidad de análisis (ver) y experiencia de compromiso (actuar) que debe proyectarse también en nuestra Iglesia. Nos vemos en las fronteras, con la voluntad de tener voz propia, tanto en el adentro como en el afuera, de manera que nos hacemos presentes en los problemas y las reivindicaciones sociales con un estilo, un modo de dejar una impronta en nuestras realidades. Nos preguntamos si y cómo conocer, compartir, apoyar, incentivar nuestra presencia en este entorno.

Queremos una organización donde “arda el fuego”, presentes en las parroquias impulsando cambios, haciendo comunidad. Una estructura más reducida que incremente la corresponsabilidad y permita un mayor y mejor funcionamiento en red y genere un flujo constante y transparente de la información. Buscamos optimizar esfuerzos, no “enrollarnos”, y que sepamos transmitir ilusión, alegría, felicidad.

Un trabajo en red que nos haga más abiertos reconociendo que no somos los únicos ni los mejores. Un trabajo que hace falta visibilizar con mayor claridad puesto que no llega a todas las personas. Ahora ya estamos coincidiendo con actores y actrices eclesiales y no eclesiales y se trata de aprovechar los momentos que ya existen. Esta propuesta necesita implicación personal, el futuro nos aborda desde este prisma.

Iglesia somos todas y todos. Somos parte pero nos duele no sentirnos identificados ni apoyados en algunas ocasiones por la jerarquía. Diversas en nuestra presencia y en nuestra acción (¡cuánto nos cuesta aceptar esta realidad y dejarnos enseñar!), vemos la necesidad de participar en el cambio necesario, de sentirnos las protagonistas de la historia. La alegría, el equilibrio y el (auto) cuidado son actitudes fundamentales que debemos cultivar.

Hablamos ya de reconstrucción puesto que el horizonte que conocíamos ha desaparecido o está en vías de extinción (el vino nuevo no cabe en odres viejos). La mujer debe ocupar el lugar que le corresponde. Nuestra iglesia será de otra manera y debemos sembrar una nueva mentalidad en los más jóvenes y favorecer una educación más igualitaria e inclusiva.

Niñas y niños nos aportan los lugares donde transcurre su vida y donde aportar su semilla. Muchas veces no entienden los objetivos que nos marcamos como Asociación; simplemente se quedan con lo cercano: acercarse más a Jesús y anunciarlo a las demás personas, colaborar en la parroquia para construir tal y como Dios quiere, ayudando como grupo a los más desfavorecidos, adaptar a cada edad los itinerarios formativos y que niños y niñas tengan la misma voz que los otros dos sectores de la ACG.

La comida compartida es otro momento de comunión. Tranquila, relajada, como el resto del día. Dejamos pasar el tiempo para cerrar el día con un tiempo de juego por equipos preparado por las más jóvenes de entre las jóvenes. Y una oración final en la que sembramos nuestras acciones de gracias. Un placer y hasta la próxima. Volvemos a nuestras casas alimentadas por la comunidad y por el Espíritu presente entre nosotras. Amén.

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[1] Sistema cartográfico que conserva la proporción entre las áreas de las distintas zonas de la Tierra.