Un nuevo impulso a la Acción Católica General

Una Acción Católica que nace de nuevo.

Tras el impulso tomado este verano en Santiago de Compostela, la Acción Católica está extendiéndose por las distintas diócesis más rápido de lo que se preveía.

 
 
 

 

La renovada Acción Católica General (ACG) bien puede ser el ejemplo que hoy utilizaríamos para responder a las dudas que Nicodemo planteaba a Jesús en el Evangelio: «¿Cómo es posible nacer de nuevo?». Es posible. La semilla plantada durante los últimos años y confirmada este verano con la asamblea de Santiago de Compostela, a la que precedió el Camino Jacobeo, empiezan a dar frutos. Lentamente, pero más rápido de lo que los responsables de ACG creían. Antonio Muñoz Varo, su presidente, nos atiende nada más llegar de Jaén, donde el proceso para la introducción de la ACG en la diócesis está muy avanzado: «Surgió porque un grupo de gente participó en el Camino de Santiago y en la asamblea. En enero, nos reunimos en Úbeda y Jaén con más de 400 laicos y ahora lo hemos hecho con el obispo y 40 sacerdotes. Y como en Jaén, otros lugares. Esta semana va un equipo a la Gomera; allí, cinco parroquias trabajan unidas».

A esta expansión que no significa otra cosa que impulsar el papel de los laicos en la parroquia a través de la oración, la formación y el compromiso con la Iglesia y el mundo que los rodea. Se trata –profundiza Muñoz Varo– de promover un itinerario común desde el que promover acciones, porque «lo que nosotros planteamos son procesos, no grupos, y esta propuesta es muy lenta, aunque está creciendo más rápido de lo que pensábamos».

Otra de las bondades de la ACG es que es compatible con otras realidades, por ejemplo, de primer anuncio, pues una vez llegan a la parroquia se pueden integrar en la ACG. Y para que no se quede simplemente en unos materiales, se da mucha importancia a la coordinación y a una red de acompañamiento: «Lo que aporta ACG es sostén y protagonismo. Un lugar donde no te encuentras solo, donde no te sientes de segunda, que se cuenta contigo para hacer cosas por el Evangelio. Y esto ayudará a cambiar la parroquia, de una mera administradora de servicios a una escuela de discipulado misionero, que te acompaña y te envía continuamente. Sin olvidar que, tras el envío, hay que volver a la comunidad para orar, revisar… Es un camino de ida y vuelta, de estar encarnado en medio de la sociedad pero afianzado en la comunidad».

A otro nivel, el impulso que ha tomado ACG ha servido para que la cuestión del laicado esté adquiriendo mayor protagonismo en la reflexión de toda la Iglesia y, sobre todo, de los obispos, que van a abordar esta cuestión en sus próximas reuniones plenarias. Y ha cambiado la vida de personas, como la de una joven de Guadalajara, que fue al Camino de Santiago «sola y asustadilla», pero que salió tan encantada que ahora anima a los catequistas de su parroquia y va a empezar a trabajar con ellos los materiales de catequesis.

«El reto es, en medio de la sociedad secularizada en la que vivimos, generar espacios donde se fomente la autenticidad y se hagan propuestas con otros. Esto genera un estilo, una espiritualidad, una educación, en la que se refuerza la vocación de cada persona», concluye.