La Iglesia nos ayuda a vivir en el mundo con corazón

VIII Encuentro Diocesano IFCA. Diócesis de Alcalá

El sábado 22 de mayo, en el Obispado de Alcalá, se ha celebrado el VIII Encuentro de los grupos parroquiales que están siguiendo el Itinerario de Formación Cristiana.

 
 
 
 
 
 


Alegres por la resurrección de Jesús, el sábado 22 de mayo, en el Obispado de Alcalá, se ha celebrado el VIII Encuentro de los grupos parroquiales que están siguiendo el Itinerario de Formación Cristiana para adultos de la Conferencia Episcopal Española. Agradecemos a D. Juan Antonio, nuestro obispo, su acompañamiento a lo largo de la Jornada. Gracias también al Obispado por facilitarnos todo lo necesario para un buen desarrollo del Encuentro.

Han participado 100 personas de diez parroquias. La pulsera que nos entregaron en la acogida nos ha ayudado a hacer memoria agradecida de nuestra historia pasada y a abrirnos con confianza al futuro. Juntos hemos dado gracias a Dios por los últimos veinticinco años de nuestra diócesis Complutense.

Tras la oración inicial tuvo lugar la presentación de las parroquias. A través de diferentes elementos de la naturaleza se fue mostrando la dura situación de muchas personas y pueblos que no tienen lo suficiente para vivir con dignidad. Carteles con fotos de niños, jóvenes y mayores que se juegan la vida tratando de alcanzar un mañana mejor. La tierra reseca, agostada, sin agua, en la que un árbol hunde sus raíces, unas espigas de trigo que nos recuerdan el pan que falta en muchas mesas y sobra en otras. Todos ellos, símbolos que nos invitan a trabajar por el Reino de Dios en el aquí y ahora de nuestro mundo.

Tras la oración inicial D. Juan Souto Coelho, profesor de Doctrina Social de la Iglesia (DSI), nos ofreció una rica reflexión para que enraizados en Cristo sirvamos a nuestros hermanos.
La Iglesia nos ayuda…” Atendiendo a la primera parte del lema del Encuentro presentó las cuatro fuentes que la Iglesia pone a nuestra disposición: la Palabra de Dios, la reflexión, el estudio y la formación. La celebración de los sacramentos, el culto, la fiesta y la oración. En comunidad, a la manera de Jesús con los Apóstoles. Y la Caridad-Servicio. El ponente nos animó a beber de las cuatro fuentes para crecer armoniosamente.

Continuando con la segunda parte del lema “… a vivir en el mundo…” habló de los ámbitos en torno a los que se organiza nuestro mundo: los espacios sociales, familiares, educativos, culturales, asociativos, religiosos,… el ámbito de la economía, el trabajo, el reparto de de los bienes, etc. Todo el campo de la ecología, el consumo, la “casa común” y el ámbito de la política, la participación ciudadana, la cooperación internacional, la paz… Colocando siempre a la persona en el centro, porque como dice el Papa Francisco en EG 203: las personas no son como las cosas. La dignidad de cada persona y el bien común deben estructurar toda política económica y determinar todo programa político, ecológico, social, cultural educativo y familiar.

…con corazón” Finalmente, expuso que La Doctrina Social de la Iglesia ha nacido del encuentro del Evangelio y la realidad que viven los hombres y mujeres. Es la manera como los cristianos, cuerpo de la Iglesia, estamos en el mundo con corazón e inteligencia. La historia está sembrada de corazones que han sentido, han visto y han actuado en consecuencia. Y la DSI echa raíces en esta siembra de pensamiento, amor y acción. Se trata, nos dijo recordando a Benedicto XVI, de que nuestro amor sea rico en inteligencia y nuestra inteligencia este llena de amor. Nuestro programa ha de ser el programa del buen Samaritano, el programa de Jesús.

A continuación un tiempo para trabajar en grupo. Para ello contamos con diversos textos de las Encíclicas de los últimos Papas, San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. A la puesta en común se llevo la rica reflexión compartida en los grupos. Este momento se cerró con unas palabras del ponente invitándonos a estar junto a los hermanos que más lo necesitan con un corazón que mira, siente, escucha y late con amor.

Finalizamos esta gozosa jornada dando gracias a Dios en la Eucaristía porque Él es nuestra fuerza y salvación, y pidiendo al Espíritu inteligencia para acoger la ayuda que la Iglesia nos ofrece y amor para proclamar el Evangelio a toda la creación. A continuación el ágape en el que compartimos las ricas viandas que habíamos llevado entre todos.
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