Cuentos

Las historias de los cuentos nos trasladan a otros mundos, a conocer otras culturas y personas; consiguen llevarnos a un mundo sin fin, que existe dentro de cada uno. Además, los cuentos que aquí encontrareis tienen un mensaje distinto cada uno. ¿Qué significa esto? Que leer estas historias nos hará reflexionar, ayudándonos a trasladar ese mensaje a nuestra propia vida. ¿Estáis dispuestos a dejaros llevar por vuestra imaginación?

 

 

ALGO PARA RECORDAR

Dos amigos viajaban por el desierto. En un determinado punto del viaje discutieron y uno de ellos, en su ofuscación, abofeteó al amigo.

El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: <<Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro>>

Siguieron adelante y llegaron a un oasis, donde decidieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo.

Al recuperarse tomó un puñal y escribió en una piedra: <<Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida>>

Intrigado, el amigo preguntó:
<< ¿Por qué después de que te abofeteé escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?>>

Sonriendo, el otro amigo respondió:
<<Cuando un gran amigo nos ofende, debemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; sin embargo, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo>>.

 

EL COJO Y EL CIEGO.

Cierta vez, un cojo y un ciego hicieron un trato para llegar a la ciudad vecina del pueblo donde vivían. El trato consistía en que mientras el ciego, que tenía las piernas sanas y toda la fuerza disponible, cargaría al cojo, éste con su vista sana dirigiría los pasos hacia la meta.

Anduvieron de camino un día entero hasta que el ciego se cansó y comenzó a desconfiar de las directrices del cojo, que iba sobre sus hombros. Con la desconfianza mutua, enojados y sin conversar, decidieron detener la marcha.

Así pasaron la noche, sin apenas dormir, hasta que a la mañana algo retomadas las fuerzas decidieron poner en común sus mutuas desconfianzas. Llegaron a la conclusión de que uno sin el otro no podía avanzar.

El ciego, sin ayuda, tomaría el camino equivocado, quizá hasta hubiera tomado el camino de regreso, y el cojo solo, podría permanecer allí para siempre mientras el ciego no cambiara de opinión; mientras no confiara en él. Después de estar totalmente convencidos de que se necesitaban mutuamente, reemprendieron la marcha como en un principio, pero con la certeza de que se necesitaban y formaban ya casi dos partes pero de una misma persona.

El ciego imprimió la voluntad para seguir adelante, y el cojo la capacidad de ver el camino claramente para guiar.