Preparando el Domingo

 "BAUTIZÁNDOLOS EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO"

27 de mayo de 2018 (Festividad de Santísima Trinidad)

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adultos

 
  • Primera lectura ● Deuteronomio 4, 32-34.39-40 ● “El Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra; no hay otro”
  • Salmo ● Salmo 23 ● ”Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor”
  • Segunda lectura ● Romanos 8 , 14-17 ● “Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace gritar: ¡Abba! (Padre)
  • Evangelio ● Mateo 28, 16-20 ● “Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

 

Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús había señalado, y, al verlo, lo adoraron. Algunos habían dudado hasta entonces. Jesús se acercó y les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fi n del mundo».
Mateo 28, 16-20

 

 

DISFRUTÉMOSLO

VER

 

Hace unos días, tras una tormenta, pude contemplar una bonita puesta de sol: la luz del sol en el ocaso dio a las nubes una gama de tonalidades que no es habitual ver, y además, los charcos sobre el asfalto reflejaban esos colores, y el conjunto producía una sensación de paz y sosiego. Con esta descripción, quien lo lea puede hacerse una idea, pero no llega a recoger todo lo que esa puesta de sol ofrecía a quien la contemplara en directo. Esa combinación de colores y tonalidades de luz también podría explicarse desde la ciencia diciendo que la luz solar, al atravesar la atmósfera y encontrarse con la composición de las nubes producía ese fenómeno óptico, que a través del nervio óptico estimula algunas partes del cerebro provocando una reacción química que produce una sensación bienestar. Pero esta descripción, aun siendo cierta, tampoco permite a quien la lea entender lo que es y significa esa puesta de sol para quien la contemplara en directo.

 

JUZGAR

 

Tampoco podemos describir a un ser humano atendiendo sólo a criterios científicos, indicando sexo, edad, altura, peso, color de pelo y de ojos, complexión. Todo lo dicho sería cierto, pero no permitiría conocer a la persona en cuestión. Necesitaríamos profundizar más, hablar de su comportamiento, de sus valores, y de qué significa para nosotros, qué es lo que nos une.

Hoy estamos celebrando la solemnidad de la Santísima Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Un solo Dios, tres Personas en una sola naturaleza divina. Y esto lo afirmamos y creemos porque ha sido Dios mismo quien nos lo ha revelado, como diremos en el Prefacio. Jesús habló siempre del Padre del cielo; se refirió a sí mismo como el Hijo, y nos prometió el Espíritu Santo. Y afirmó la unidad total entre ellos: Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre... Yo estoy en el Padre y el Padre en mí… (Jn 14, 9.11) El Paráclito que os enviaré desde el Padre… El Espíritu de la verdad, que procede del Padre… (Jn 15, 26). Jesús es quien nos ha revelado Quién es Dios, cómo es Dios: tres Personas distintas en una sola naturaleza. Por eso en el Evangelio de hoy hemos escuchado su mandato: Id y haced discípulos… bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Y desde los primeros tiempos del cristianismo se ha procurado explicar esta afirmación de fe de modo razonable, por medio de la reflexión filosófica y teológica. Pero igual que sería absurdo reducir una puesta de sol o un ser humano a una enumeración de datos y un conjunto de reacciones físicas y químicas, tampoco podemos reducir a Dios a una serie de conceptos filosóficos y teológicos para hacérnoslo más “comprensible”, porque Dios siempre quedará más allá de lo que podamos entender, siempre será “Misterio”, pero un Misterio accesible por medio del amor.

Más allá de estos conceptos, conoceremos a Dios en la medida que profundicemos en nuestra relación con Él, en la medida que experimentemos cómo actúa en nuestra vida. Conoceremos a Dios si, siguiendo lo que Jesús nos enseñó, por el amor nos sentimos protegidos por el Padre, nos sentimos hermanos del Hijo, y experimentamos el impulso del Espíritu Santo. Conoceremos a Dios si esta relación de amor con Él se plasma en nuestra vida, porque todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor (1Jn 4, 78). 

 

ACTUAR

 

¿Qué significa para mí el Misterio de la Santísima Trinidad? ¿Mi fe es trinitaria, me relaciono de forma diferenciada con el Padre, con el Hijo, y con el Espíritu Santo? ¿Qué frutos produce en mi vida esta fe trinitaria?

Es necesario profundizar en nuestra fe para mostrar que es razonable, que no vivimos la llamada “fe del carbonero”. Es necesario conocer lo más posible a Dios, pero recordemos que no lo llegaremos a conocer si sólo nos quedamos en los datos y en los conceptos. Del mismo modo que una puesta de sol es mucho más que la conjunción de fenómenos naturales que explican las ciencias, Dios es infinitamente más que los razonamientos filosóficos y teológicos.

Por eso, lo mismo que disfrutamos de una bonita puesta de sol, aprendamos a disfrutar de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, uniéndonos a ellos por el amor y sabiendo que, como nos ha dicho Jesús, está con nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo.