Preparando el Domingo

“DIOS MANDÓ A SU HIJO PARA QUE EL MUNDO SE SALVE POR ÉL”

7 de junio de 2020 (Solemnidad de Santísima Trinidad)

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adultos

 
  • Éxodo 34,4b-6.8-9 ● “Señor, Dios compasivo y misericordioso”
  • Salmo : Daniel 3 ● ”¡A ti gloria y alabanza por los siglos!”
  • 2 Corintios 13, 11-13 ● “La gracia de Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo”
  • Juan 3, 16-18 ● “Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por Él”

 

«Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Pues Dios no envió a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el hijo único de Dios.

Juan 3, 16-18

 

 

BAJO EL ALIENTO DEL ESPÍRITU

VER

 

En la campaña contra el coronavirus, el Ministerio de Sanidad lanzó el lema: “Este virus lo paramos unidos”, para destacar la responsabilidad que todos tenemos para detenerlo: con una serie de acciones, muy simples, que cada uno podemos realizar, como lavarnos las manos, quedarnos en casa y salir sólo lo imprescindible, teletrabajar si es posible, hacer caso a los profesionales sanitarios… es suficiente para parar el contagio. Muchas de estas acciones no resultan visibles para el resto de la gente, pero si cada uno las hacemos desde el anonimato, se va a notar positivamente en el conjunto de la lucha contra el coronavirus. 

 
 

JUZGAR

 

Hoy celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Celebramos a Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas unidas de tal modo en una misma naturaleza divina que forman un solo Dios. ¿Cómo hemos llegado a afirmar esto?

El ser humano es consciente de su limitación y, por mucho que haya alcanzado en su vida, jamás es plenamente feliz: siempre experimenta el anhelo de ir más allá, de alcanzar una felicidad y una plenitud que duren siempre. Esto puede llevarle a buscar y encontrar huellas y signos de “algo” superior a él, que da sentido a toda su existencia. Y ese “algo” es Dios, porque Dios mismo ha puesto en nosotros ese deseo de eternidad, de infinito, para que libremente lo busquemos.

Pero en esa búsqueda de Dios, el ser humano a menudo ha cometido errores. Por eso, fue necesario que Dios mismo se comunicara al ser humano, revelándose a lo largo de la historia humana. Dios ha ido dándose a conocer y el ser humano ha ido descubriendo algunos rasgos de Dios: Santo, Creador, Omnipotente, Eterno, Justo, Misericordioso, Fiel… pero hay algo que nunca hubiéramos ni siquiera imaginado: la vida íntima de Dios, cómo es Dios en sí mismo.

Por eso, Dios mismo dio a conocer su Misterio haciéndose hombre en Jesús: por Él, hemos conocido que Dios es Padre: que nos ha dado la vida y que nos ama con amor de padre. Y como hemos escuchado en el Evangelio, tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él. Así, Jesús no es simplemente un “enviado”, sino que es el Hijo de Dios.

Pero el Hijo de Dios no ha aparecido de repente entre nosotros: fue fruto de la acción del Espíritu Santo en María Virgen. El Espíritu Santo que Jesús, el Hijo, prometió que nos enviaría como Defensor, para recordarnos y enseñarnos a profundizar en lo que el Hijo había anunciado.

Nunca el ser humano hubiera llegado a imaginar que el único “Dios” es Padre, Hijo y Espíritu Sano, “tres Personas en una sola naturaleza” (Prefacio), y que trabajan unidas con un objetivo común: “por nosotros y por nuestra salvación”. Porque el ser humano, aquejado por el “virus del pecado”, había roto su vínculo con Dios y por sí solo no era capaz de recuperarlo. Pero Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él, y por eso el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajan unidos de diferentes formas para detener el “contagio” del pecado, aunque muchas veces no somos conscientes ni parece que notamos esas acciones que llevan a cabo las tres Personas divinas. Pero la Santísima Trinidad está actuando unida en todo momento “por nosotros y por nuestra salvación”, y si nos detenemos a reflexionar, descubriremos el efecto de su “trabajo”.

 

ACTUAR

 

¿Realizo las acciones que se recomiendan para parar el coronavirus? ¿Pienso que, aunque no se vean, se nota el resultado? ¿Qué pienso del Misterio de la Santísima Trinidad? ¿Creo que las tres Personas divinas están actuando por nuestra salvación, para parar el “contagio” del pecado?

La Santísima Trinidad es un Misterio, un Misterio de Amor infinito, que nunca llegaremos a comprender porque nos supera. Pero esto no es obstáculo para que nosotros podamos acercarnos a Él. Para ello, hay algo muy sencillo que podemos hacer: acostumbrarnos (si no lo hacemos ya) a realizar una “oración diferenciada”, dirigiéndonos al Padre en unas ocasiones, al Hijo en otras, y al Espíritu Santo en otras. Algo tan simple nos hará crecer en intimidad con Dios, que fructificará en una mayor experiencia de la presencia en nuestra vida de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que trabajan unidos para parar los efectos del pecado y que alcancemos la salvación y la vida eterna.