Preparando el Domingo

“ALLANAD LOS SENDEROS DEL SEÑOR”

6 de diciembre de 2020 (Domingo II de Adviento)

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adultos

 
  • Isaías 40, 1-5.9-11 ● “Preparadle un camino al Señor”
  • Salmo 84 ● ”Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación”
  • 2 Pedro 3,8-14 ● “Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva”
  • Marcos 1, 1-8 ● “Allandad los senderos del Señor”

 

Principio del evangelio de Jesucristo, hijo de Dios. Como está escrito en el profeta Isaías: Yo envío delante de ti a mi mensajero, para que te prepare el camino. Voz que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor. Allanad sus sendas. Juan Bautista se presentó en el desierto bautizando y predicando un bautismo para la conversión y el perdón de los pecados.

Y acudían a él de la región de Judea y todos los de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el río Jordán. Juan tenía un vestido de pelo de camello con un cinturón de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y decía: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo, y yo no soy digno de agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará en el Espíritu Santo».
Marcos 1, 1-8

 

 

HABLAR ALCORAZÓN

VER

 

Visto desde la óptica del “primer mundo”, hacía muchos años que no necesitábamos escuchar, como lo necesitamos ahora, palabras de consuelo, de ánimo y de esperanza. Desde el “primer mundo”, sabíamos que hay personas que padecen mucho, que hay hambre, guerras, pobreza… pero esos problemas no se sentían como propios; se consideraba erróneamente que “eso les pasaba a otros”. La pandemia del coronavirus nos ha hecho caer en la cuenta de que, más allá de nuestras diferencias, todos somos seres humanos y, por tanto, compartimos la misma fragilidad y, aunque en diferentes grados, todos estamos expuestos a cualquiera de esos males que azotan el mundo.                       

 
 

JUZGAR

 

Por eso, en este segundo domingo de Adviento, las palabras de Isaías han de resonar fuerte en nosotros: Consolad, consolad a mi pueblo… Pero ¿qué clase de consuelo hay que ofrecer? Porque algo que también hemos experimentado, sobre todo a medida que la pandemia se extiende en el tiempo, es que los consuelos fáciles, en forma de frases e imágenes supuestamente optimistas y que tanto proliferaron en las primeras semanas, ahora ya no nos sirven, nos suenan vacíos y falsos.
Por eso el profeta continúa: hablad al corazón… El rompimiento que para todos ha supuesto la crisis del coronavirus requiere ir directos al grano, al corazón, en el que simbolizamos todo lo verdaderamente humano: sentimientos, afectos, anhelos… Y, hablando al corazón de la gente, ofreceremos el verdadero consuelo: el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios, como escribió San Marcos, que “presenta una figura muy viva y «humana» de Jesús, muy cercano a todas las dolencias del pueblo, un Jesús que muestra afecto, que se cansa, que se enoja, que tiene miedo. Y, a la vez, presenta a un Jesús claramente identificado como Mesías e Hijo de Dios” (Acción Católica General, Adviento 2020). Lo único capaz de consolar de verdad a nuestro mundo es el Evangelio, la Buena Noticia que es el mismo Jesucristo, el Hijo de Dios, el Dios hecho hombre que compartió nuestra vida, que se sometió incluso a la muerte de Cruz para, con su resurrección, abrirnos el camino de la verdadera vida.

El Adviento, este Adviento, es una llamada a todos los que somos y formamos la Iglesia a identificarnos con Juan el Bautista, que bautizaba en el desierto y predicaba que se convirtieran. “Juan no se dedicó a tranquilizar, sino a provocar y urgir a la conversión. Un cambio de mentalidad, un cambio del corazón que no solo es para nosotros, sino para todo el mundo. Es tiempo de mirar al fondo del corazón y tocar lo que allí anida. Es tiempo de convertirse y a la vez ser voz que clama la conversión, porque hay cosas que hacen daño a los otros y a uno mismo”.

En Adviento, en este Adviento, como Juan el Bautista, debemos ir al grano, hablar al corazón de la gente, inmersos como estamos en este desierto personal, familiar, social, político, económico, institucional, eclesial… que tanto daño nos está haciendo y ofrecer la motivación que provoque nuestra conversión: “En medio de tiempos tan complicados como los que estamos viviendo, el hombre necesita de la esperanza, de la pequeña luz de la esperanza, que tire de su fe y de su amor”. Y nuestra esperanza es más que un deseo, tiene nombre propio, Jesús de Nazaret, por eso hay que preparar el camino al Señor, porque “sabemos que, más allá de cualquier acontecimiento favorable o contrario, el Señor no nos deja solos. Vino hace dos mil años y vendrá de nuevo al final de los tiempos, pero viene también hoy a nuestra vida. Esta vida nuestra, con todas sus problemas, sus ansiedades e incertidumbres, es visitada por el Señor. Jesús, el Hijo de Dios que viene al encuentro del ser humano, es la respuesta de Dios al mundo” (Cáritas Española, Adviento y Navidad 2020-2021). Por eso nuestra esperanza se tiene que transformar en acción, una acción que “tira” de la fe y se concreta en gestos de amor, acogiendo a Jesús que viene en el descartado, excluido, necesitado… construyendo así la fraternidad universal a la que nos llama el Papa Francisco en su encíclica “Fratelli tutti”.    

 

ACTUAR

 

¿Me siento necesitado de verdadero consuelo? ¿Siento que la Palabra de Dios me habla al corazón? ¿Cómo se me nota que Jesucristo es para mí “evangelio”, Buena Noticia, la verdadera esperanza? ¿Cómo estoy preparándole el camino en este Adviento? ¿Me identifico con Juan el Bautista y predico esta Buena Noticia, esta esperanza, a otros, aunque me sienta en medio del desierto?

Aprovechemos el Adviento: el Señor nos habla al corazón y nos pide que hagamos lo mismo, pero “no podemos ser mensajeros de la consolación de Dios si nosotros no experimentamos en primer lugar la alegría de ser consolados y amados por Él. Hoy se necesitan personas que sean testigos de la misericordia y de la ternura del Señor, que sacude a los resignados, reanima a los desanimados. Él enciende el fuego de la esperanza” (Ángelus 7 diciembre 2014).