Preparando el Domingo

“COMIERON TODOS Y SE SACIARON”

23 de junio 2019 (Solemnidad del Corpus Christi)

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adultos

 
  • Génesis 14, 18-20 ● “Sacó pan y vino”
  • Salmo 109 ● ”Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec”
  • 1 Corintios 11, 23-26 ● “Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor”
  • Lucas 9, 11b-17 ● “Comieron todos y se saciaron

 

«Jesús estuvo hablándoles del reinado de Dios, y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde y los Doce se le acercaron a decirle:
- Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque esto es un descampado.
Él les contestó:
- Dadles vosotros de comer.
Replicaron ellos:
- ¡Si no tenemos más que cinco panes y dos peces! A menos que vayamos nosotros a comprar de comer para toda esta multitud. (Eran unos cinco mil hombres.)
Jesús dijo a sus discípulos:
- Decidles que se echen en grupos de cincuenta.
Así lo hicieron, diciendo que se echaran todos. Y tomando él los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, los bendijo, los partió y se los dio a los discípulos para que los sirvieran a la gente. Comieron hasta quedar satisfechos todos, y recogieron doce cestos de sobras.»

Lucas 9, 11b-17

 

 

"CRISTO 'SE DECONSTRUYE'"

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Desde que, hace unos años, se puso de moda la alta cocina, es muy común que los alimentos se presenten en grandes platos, de diferentes diseños, en cuyo centro se encuentra la ración correspondiente, que suele ser bastante pequeña y parece que “se pierde” en esos recipientes. El precio de estos menús suele ser bastante alto, pero se intenta justificar alegando a los ingredientes utilizados (de primera calidad), al proceso de cocinado (bastante complejo) y a la presentación (muy elaborada), que a veces no recuerda para nada el producto original. Así, hace unos años, un famoso cocinero español presentó una “tortilla de patata deconstruida”, cuyo aspecto exterior no se parecía a lo que estamos habituados cuando pensamos en una tortilla de patata (de hecho, se servía en una copa de cóctel), pero que realmente contenía todos los ingredientes de una clásica tortilla de patata.

 

JUZGAR

 

Hoy estamos celebrando la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo. En muchos lugares se organizan procesiones, para las que se utilizan Custodias muy ornamentadas, algunas de gran tamaño. El Santísimo es llevado bajo palio entre nubes de incienso, las calles se adornan y se preparan altares muy artísticos. También suelen participar los niños que han recibido recientemente la Primera Eucaristía, se echan pétalos de flores al paso de la Custodia, suena la banda de música…

Siguiendo con el ejemplo de la alta cocina, corremos el peligro de que toda esa “presentación” centre nuestra atención, y pasemos por alto el “Alimento” en función del cual se ha organizado todo, pero que casi “se pierde” en medio de ese “emplatamiento”. Porque como ocurre en la alta cocina, el Alimento, materialmente, es bastante pequeño y simple: una oblea blanca y redonda.

Sin embargo, hoy celebramos que ese Alimento, tan simple en cuanto a su aspecto y materia, es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Celebramos que ese Alimento tan simple tiene el “ingrediente” de la mayor calidad: Cristo Resucitado; celebramos que ese Alimento tan simple ha tenido un complejo proceso de elaboración, que comenzó con la Encarnación del Hijo de Dios, que se fue preparando durante los años de su vida oculta en Nazaret, que fue fermentando y madurando durante su vida pública, y que llegó a su “punto exacto de preparación” en la Última Cena de Jesús, como hemos escuchado en la 2ª lectura: el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros…” Lo mismo hizo con el cáliz… Por todo esto, y más, este Alimento no tiene precio, es lo más valioso que tenemos en la Iglesia.

Hoy celebramos que, en la Última Cena, y como hacen los grandes cocineros con los platos tradicionales, Jesús “se deconstruye” para que, aunque el aspecto exterior de este Alimento no recuerde nada a su cuerpo físico, por la acción del Espíritu Santo la Eucaristía contenga los mismos “ingredientes”, su Cuerpo y Sangre, para que realmente estemos alimentándonos de Él.

Y aunque este Alimento no tiene precio, no es algo exclusivo para un reducido grupo de privilegiados, está al alcance de todos, por eso también dijo: haced esto en memoria mía. Hoy celebramos también que, en la Última Cena, Jesús nos dejó la “receta” para “cocinar” este Alimento que es Él mismo, su Cuerpo y su Sangre. Él se sigue “deconstruyendo” cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, para que podamos cumplir lo que ha pedido en el Evangelio: Dadles vosotros de comer, a tantos hambrientos de esperanza, de sentido para sus vidas, hambrientos de Dios.

 

ACTUAR

 

¿Qué significa para mí la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo? ¿Me fijo más en lo que rodea esta fiesta, o me centro en la sencillez del Alimento? ¿Entiendo la celebración de la Eucaristía como el “proceso de elaboración” de este Alimento, o como una simple ceremonia para cumplir un precepto? ¿Soy realmente consciente de estar comiendo el Cuerpo de Cristo, aunque su aspecto exterior sea diferente? ¿Cómo participo para que hoy se siga “cocinando” este Alimento dar de comer a los hambrientos de Dios?

Hoy especialmente debemos agradecer, adorar y degustar este Alimento que es Cristo “deconstruido”, con la certeza de que, más allá de lo que percibimos con nuestros sentidos, estamos realmente comiendo su Cuerpo y su Sangre para que podamos vivir por medio de Él.