Preparando el Domingo

 "EL QUE NO TOMA SU CRUZ NO ES DIGNO DE MÍ. EL QUE OS RECIBE A VOSOTROS, ME RECIBE A MÍ"

2 de julio de 2017 (XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO)

adultos

 

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  • Primera lectura ● 2 Re 4, 8-11.14-16a ● “Ese homabre de Dios es un santo; se quedará aquí”.
  • Salmo ● Sal 88 ● “Cantaré eternamente las misericor-dias del Señor”.
  • Segunda lectura ? Rm 6, 3-4.8-11 ? “Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte”.
  • Evangelio ● Mt 10, 37-42 ● “El que no toma su cruz no es digno de Mí . El que os recibe a vosotros, me recibe a Mí”.

 

«El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí, y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí, y el que no carga con su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que la pierda por mí la encontrará».
«El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y quien me recibe a mí recibe a quien me ha enviado. El que recibe a un profeta como profeta recibirá premio de profeta, y el que recibe a un justo como justo recibirá premio de justo; el que dé de beber a uno de estos pequeñuelos tan sólo un vaso de agua fresca porque es mi discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa».
Mateo 10, 37-42

 
  • Me pongo en presencia de Dios e invoco la ayuda del Espíritu para comprender y vivir la Palabra de Dios.
    - ¿Qué es lo que Dios Padre me quiere revela en este fragmento de la Palabra de Dios?
    - ¿Valoro el seguimiento de Jesús como el centro de mi vida cristiana? ¿Es el punto central en mi vida cristiana?.
    - ¿Qué he ido dejando por el seguimiento de Jesús o qué he ido relegando en un segundo término por seguir a Jesús?
    - ¿Cómo ando (yo, mi grupo mi comunidad parroquial..) de acogida? ¿Soy consciente que en el que acojo recibo a Cristo?

  • Oración personal con Dios Padre..


 

ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN

VER

 

Quizá en alguna ocasión hemos tenido que preparar un recibimiento a alguien, ya sea un familiar, un amigo, un nuevo compañero de trabajo, o de alguna asociación... Un buen recibimiento dice mucho de la estima que se siente hacia esa persona, y por eso no escatimamos ideas y esfuerzos para que esa persona se sienta bien acogida, para transmitirle nuestro aprecio y cariño. Por el contrario, un mal recibimiento expresa que esa persona no nos importa demasiado, y que “no merece” que nos ocupemos de ella, porque prácticamente nos da igual que haya venido o no.

 

JUZGAR

 

En este domingo la Palabra de Dios nos ha presentado dos recibimientos a unas personas muy concretas: a aquellos que vienen a nosotros en nombre de Dios. En la 1ª lectura hemos escuchado el que una mujer preparó al profeta Eliseo: Ella dijo a su marido: vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil… Y en el Evangelio, Jesús ha dicho a sus Apóstoles: El que os recibe a vosotros me recibe a mí.

En este domingo, la Palabra de Dios nos invita a que pensemos cómo estamos recibiendo a aquéllos que Dios mismo nos envía para acompañarnos y ayudarnos en el camino del seguimiento de Cristo. Y al hablar de “recibimiento” no se trata de actos externos, sino cómo acogemos en nuestro interior las palabras, las acciones… que esas personas nos hacen llegar de parte de Dios.

Pero cuando hablamos de “enviados de Dios”, normalmente pensamos sólo en el clero: el Papa, los obispos, curas, religiosos y religiosas… Sin embargo, aunque Jesús en el Evangelio se dirige a sus Apóstoles, el término “apóstol” no está limitado sólo al clero: todos los bautizados somos “apóstoles”, como nos recuerda el Papa Francisco en Evangelii gaudium: En todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santificadora del Espíritu que impulsa a evangelizar (119). Por eso hoy la Palabra de Dios nos invita a ampliar nuestra mirada para reconocer y “dar un buen recibimiento” a tantos laicos que Dios pone en nuestro camino para ayudarnos y acompañarnos en nuestra vida de fe: catequistas, acompañantes de Equipo, responsables de diferentes tareas pastorales y servicios más o menos visibles, tanto en la comunidad parroquial como en el nivel diocesano…

Seguro que podemos poner nombre y rostro a muchos de estos enviados de Dios, ya sean clérigos, religiosos o laicos. Hoy debemos reflexionar si les estamos dando un buen recibimiento, si agradecemos su labor y su entrega, o por el contrario no valoramos suficientemente su presencia, nos servimos de ellos cuando nos conviene, o incluso reaccionamos mal a sus palabras y gestos.

Además, este domingo, en algunas diócesis se celebra el “Día del Papa”, el sucesor de Pedro y Pastor de la Iglesia universal. Él es como el máximo representante de todos esos enviados de Dios, y hoy también podemos pensar cómo acogemos al Papa, tanto al actual como a los anteriores: no en lo referente a tributarle honores, sino a los mensajes, cartas, encíclicas, gestos… que el Papa ofrece a toda la Iglesia para orientarnos hacia Dios, hacia su amor y su misericordia.

 

ACTUAR

 

¿He preparado algún buen recibimiento para alguien? ¿Me sentí contento de poder hacerlo, a pesar del esfuerzo que me supuso? ¿A quiénes considero “enviados de Dios” en mi vida? ¿Les hago un buen recibimiento, a ellos y a lo que me transmiten, porque por ellos estoy recibiendo a Cristo? ¿Agradezco y valoro la figura del Papa, sea quien sea, o me dejo llevar por mis simpatías? ¿Presto atención a su Magisterio, sigo sus iniciativas, lo recibo como guía para mi vida?

Tengamos hoy un recuerdo especialmente agradecido en nuestra oración a todos esos enviados de Dios que nos han acompañado y acompañan en nuestro seguimiento de Cristo. Pidamos al Señor que sepamos darles un buen recibimiento, como verdaderos enviados suyos, que acojamos lo que nos transmiten de parte de Dios.

Y demos gracias especialmente por el Papa, por el sucesor de Pedro, sea quien sea, porque es un enviado privilegiado de Dios para confirmarnos en la fe y darnos firmeza para ser testigos del Dios vivo, de su amor y su misericordia, en nuestro mundo.