Preparando el Domingo

(También el domingo 1 de septiembre)

“EL QUE SE ENALTECE SERÁ HUMILLADO Y EL QUE SE HUMILLA SERÁ ENALTECIDO”

25 de agosto 2019 (XXI Domingo del Tiempo Ordinario)

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adultos

 
 
  • Isaías 66, 18-21 ● “Traerán a todos vuestros hermanos de entre todas las naciones”
  • Salmo 116 ● ”Id al mundo entero y predicad el Evangelio”
  • Hebreos 12, 5-7.11-13 ● "El Señor reprende a los que ama"
  • Lucas 14, 1.7-14 ● Vendrán de Oriente y de Occidente y se sentarán a la mesa en el reino
 

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó: - «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»
Jesús les dijo: - «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: “¡Señor, ábrenos!”; y él os replicará: “¡No sé quiénes sois!”
Entonces comenzaréis a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.”
Pero él os replicará: “No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.”
Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

Lucas 13, 22-30

 

 

"ACEPTAR LA CORRECCIÓN"

VER

 

Una persona se quejaba: “Hemos estado de vacaciones en un hotel. Las instalaciones muy bien, pero muchos niños corrían y gritaban sin control por el comedor y otras zonas, hacían el bruto en la piscina… Mientras tanto, los padres y madres repantigados en la tumbona sin decirles nada, y cuando alguien llamó la atención a los críos, entonces se pusieron como furias diciéndole que no era nadie para corregir a sus hijos”. Seguro que hemos sufrido situaciones similares en diferentes ámbitos. Muchos padres y madres dejan que sus hijos se comporten como quieran, aunque estén molestando a otras personas; unas veces lo hacen porque los mismos padres y madres carecen de educación; otras veces porque les resulta más cómodo no decirles nada, y otras veces se justifican diciendo que “son niños, no hay que reprimirles”, pensando que eso es mejor para ellos.

 

JUZGAR

 

La 2ª lectura hacía una pregunta: ¿Qué padre no corrige a sus hijos? En general, hemos pasado de un excesivo autoritarismo a una postura excesivamente permisiva. Se piensa que se es mejor padre “haciéndose amigo” de los hijos, y para esto se renuncia a hacer valer la propia autoridad. (Como dice el Juez Calatayud, “los dejamos huérfanos”). Sin embargo, corregir a los hijos es un signo de amor porque se quiere lo mejor para ellos. Cuando los padres y madres renuncian a corregir a sus hijos y les dejan hacer, están provocando que éstos vayan creciendo sin tener criterios claros de conducta, ni dónde están los límites que no hay que sobrepasar, ni cuáles son las consecuencias de sus actos.

Y esto no se queda sólo en la infancia y juventud: también los adultos nos dejamos llevar por “que cada uno haga lo que quiera”. Como decíamos hace unos domingos, en general se percibe que lo que hasta hace unos años se conocía como “urbanidad y buenos modales” ha desaparecido y la gente “va a la suya”, sin tener en cuenta a los demás. Y lo mismo en lo referente a la fe: pretendemos vivir la fe “a nuestra manera”, adaptándola a nuestros gustos y comodidades, y no aceptamos que se nos diga que eso no es lo correcto. Al final, no hay criterios claros de conducta para nada, ni límites, parece que todo vale y todo tiene el mismo valor. Pero no es así.

De ahí lo que afirmaba la 2ª lectura: No rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión… Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto… Por supuesto, no hay que identificar “corrección” con amenazas, agresividad o violencia, sino como un instrumento educativo para hacer personas responsables, conscientes de sus actos y de la repercusión de los mismos, tanto en lo más íntimo y familiar como en cualquier ámbito social.

Y así, también el Señor nos recordaba en el Evangelio: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Puede parecer más cómodo y más gratificante “que cada uno haga lo que quiera” sin ceñirnos a normas ni correcciones en ninguna etapa de nuestra vida, ni en lo personal, ni en lo familiar, ni en lo social… pero esta conducta acarrea consecuencias, a veces muy graves, que luego lamentamos.
Si de verdad queremos ser cristianos, el Señor nos invita a cambiar de mentalidad, a ser humildes y aceptar la corrección, porque eso significa que Dios os trata como a hijos. La corrección no es castigo, no es represión: Dios, como Padre Bueno, quiere lo mejor para nosotros, y nos corrige para que podamos producir fruto en todas las áreas de nuestra vida, para que en medio del relativismo que nos rodea, se nos note que, por ser de verdad hijos de Dios, tenemos criterios claros de conducta.

 

ACTUAR

 

¿En alguna ocasión he tenido que sufrir situaciones provocadas porque los padres no corrigen a sus hijos? Si tengo hijos, ¿he sabido corregirles, o he sido autoritario? ¿Acepto que me corrijan, aunque ya sea adulto? ¿Y en lo referente a la fe? ¿Qué “puertas estrechas” encuentro, y por las que debería esforzarme en pasar? ¿Por qué encuentro esas dificultades? ¿Los demás notan que por mi fe tengo criterios claros de conducta y límites que sé que no hay que traspasar?
La fe, para ser realmente cristiana, debe repercutir en todas las dimensiones de nuestra vida. No nos dejemos atrapar por el relativismo, esforcémonos en entrar por la puerta estrecha de la corrección: así el pie cojo, no se retuerce, sino que se cura, y la misión evangelizadora dará como fruto personas fuertes y seguras, con puntos de referencia válidos para guiar sus acciones hacia el bien.

 

“EL QUE SE ENALTECE SERÁ HUMILLADO Y EL QUE SE HUMILLA SERÁ ENALTECIDO”

1 de septiembre 2019 (XXII Domingo del Tiempo Ordinario)

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adultos

 
  • Eclt 3, 17-18.20.28-29 ●  “Hazte pequeños y alcanarás el favor de Dios”
  • Salmo 67 ● “Preparaste, oh Dios, casas para los pobres”
  • Hebreos 12, 18-19.22-24a ● “Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo”
  • Lucas 14, 1.7-14 ● “El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”

 

Un sábado fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos; éstos lo estaban acechando.
Jesús, al observar que los invitados escogían los primeros puestos, les dijo esta parábola: «Cuando alguien te invite a una boda, no te pongas en el primer asiento, no sea que haya otro invitado más honorable que tú, venga el que te invitó y te diga: Cede el sitio a éste, y entonces tengas que ir avergonzado a ocupar el último puesto. Por el contrario, cuando seas invitado, ponte en el último puesto, y así, cuando venga el que te invitó, te dirá: Amigo, sube más arriba. Entonces te verás honrado ante todos los comensales. Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado». Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez y ya quedas pagado. Cuando des un banquete invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos, a los ciegos; entonces serás dichoso porque ellos no pueden pagarte, y recibirás tu recompensa en la resurrección de los justos».

Lucas 14, 1.7-14

 

 

"AUTÉNTICOS HEROES"

VER

 

En la mitología, en la literatura, y también en la historia, a menudo se ha hablado de “héroes”, es decir, de personas ilustres y famosas por sus hazañas o virtudes. Pero desde hace algunos años proliferan en las carteleras de cine las películas protagonizadas por superhéroes, personajes de ficción de ambos sexos que tienen poderes extraordinarios. Si tuviéramos que enumerar las características de un superhéroe, en general encontraríamos las siguientes: fortaleza física, agudeza intelectual, atractivo personal, sentido del deber y de la justicia, defensor del bien y de los débiles frente al mal y a los “malos”… todo ello acompañado de algún poder extraordinario, que supera las capacidades humanas: volar, fuerza descomunal, habilidades propias de animales o insectos, un arma prodigiosa, magia… A su lado, los demás nos sentimos como “simples mortales” sin mérito alguno; incluso los héroes “de siempre” quedan empequeñecidos y, si hiciéramos una encuesta, son más conocidos los superhéroes de ficción y sus historias que los héroes reales y sus hazañas.

 

JUZGAR

 

En este domingo, el Señor nos está invitando a no conformarnos con ser “simples mortales”, sino a ser verdaderos “héroes”, es decir, a llevar a cabo auténticas hazañas. Y para convertirnos en auténticos héroes, la Palabra de Dios nos indica que sólo necesitamos un poder extraordinario: la humildad, esa virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con ese conocimiento.

Así nos lo ha indicado la 1ª lectura: en tus asuntos procede con humidad… hazte pequeño en las grandezas humanas… Pero podemos pensar: ¿cómo compaginar la llamada a ser héroes y realizar auténticas hazañas con las propias limitaciones y debilidades, con hacerse pequeños? ¿No tendríamos que desarrollar la fuerza, la astucia, o conseguir algún arma prodigiosa que nos ayude y sirva de apoyo?

La respuesta a estas preguntas nos la da el Señor en el Evangelio: todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Para ser auténticos héroes, sólo nos debemos apoyar en Dios.

Y para apoyarnos en Él, debemos ser humildes y “humillarnos”. A veces entendemos esta palabra en sentido negativo, como rebajarnos, como tener baja autoestima, o despreciarnos, pero no es así. Humillar significa abatir el orgullo y la altivez. Para desarrollar el poder extraordinario de la humildad y ser auténticos héroes, antes debemos aprender a rebajar nuestro orgullo y altivez, y así apoyarnos en Dios y no en nuestras fuerzas y capacidades; confiar en Él, y no en nosotros mismos.

Y entonces se cumplirá lo que decía la 1ª lectura: alcanzarás el favor de Dios, porque es grande la misericordia de Dios y revela sus secretos a los humildes. Y
entonces podremos realizar verdaderas hazañas, porque lo importante no son nuestras características, capacidades o “poderes” personales, sino obrar humildemente, con nuestras limitaciones y debilidades, pero como Dios espera de nosotros.

 

ACTUAR

 

¿Qué héroes de la historia o de la literatura clásica conozco? ¿Qué me llama la atención de ellos? ¿Qué superhéroes del cómic o del cine conozco? ¿Me siento llamado a ser un auténtico “héroe”? ¿Cómo evaluaría mi humildad? ¿Sé “humillarme”, rebajar mi orgullo y altivez?

El Señor nos llama a ser verdaderos héroes en el sentido evangélico, y podemos conseguirlo porque Él es nuestro modelo: aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón (Mt 11, 29). Y para que aprendamos de Él, se nos entrega como alimento en la Eucaristía.

En la oración después de la comunión pediremos que el amor con que nos alimentas fortalezca nuestros corazones y nos mueva a servirte en nuestros hermanos. Recibamos al Señor con humildad, agradecimiento y confianza porque así Él podrá obrar por medio de nosotros.

Y esto no es una ficción, es algo real. Si nos detenemos a pensar, seguro que encontramos muy cerca de nosotros, incluso conocemos, a personas que son auténticos héroes porque viven con humildad su ser cristianos y desde su pequeñez y limitación realizan verdaderas hazañas, aunque no salgan en libros, cómics o películas. Y hoy el Señor nos llama a que nos unamos a ellos.