Lema

 

“Salir, caminar y sembrar siempre de nuevo”

“La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera. La experimentan los setenta y dos discípulos que regresan de la misión llenos de gozo (cf Lc 10, 17). La vive Jesús, que se estremece de gozo por el Espíritu Santo y alaba al Padre porque su revelación alcanza a los pobres y pequeñitos (cf Lc 10,21). La sienten llenos de admiración los primeros que se convierten al escuchar predicar a los Apóstoles «cada uno en su propio lengua» (He 2,6) en Pentecostés. Esa alegría es un signo de que el Evangelio ha sido anunciado y está dando fruto. Pero siempre tiene la dinámica del éxodo y del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá. El Señor dice: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido». Cuando está sembrada la semilla en un lugar, ya no se detiene para explicar mejor o para hacer más signos allí, sino que el Espíritu lo mueve a salir hacia otros pueblos”. (EG 21)


“Salir, caminar y sembrar”; estas son las palabras claves sacadas de la Evangelii Gaudium que nos servirán como Lema en la celebración de la Asamblea y de la actividad previo de Camino de Santiago.
Estas palabras están cargadas de un enorme contenido en sí mismas Hemos intentado reproducirlas en nuestro cartel de una manera fresca, plástica y dinámica.
El cartel servirá de imagen central tanto en la actividad previa del Camino de Santiago como en la celebración posterior de nuestra Asamblea Nacional.

“Salir, caminar y sembrar”, son actitudes que todo cristiano debe retomar, revitalizar y activar en su vida de fe, incidiendo de forma especial en los jóvenes.
Ellos son el futuro, la esperanza, la fuerza evangelizadora y la vitalidad de Jesucristo encarnada en el corazón de cada uno de ellos.

  •  “Salir”: debemos invitar a los jóvenes a no ser “cristianos de sofá» «ponerse los zapatos y salir a caminar por senderos nunca soñados siguiendo la ‘locura’ de un Dios que nos enseña a encontrarlo en el hambriento, el sediento, el desnudo, el enfermo, el preso, el inmigrante, o el vecino que esta solo». (Papa Francisco. Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia 2016)
  •  “Caminar”: El cristiano siempre debe estar activo, caminar, seguir adelante y no dudar que en el camino esta intrínseca la búsqueda de Jesús.
    En este camino nunca estaremos solos, siempre estará con nosotros de compañero, llevando nuestra mochila de sueños y deseos, el Señor. Él nos alienta y nos acompaña siempre en nuestro camino.
  •  “Sembrar”: Un joven debe compartir lo vivido. Debe mostrar el tesoro de la fe.
    El encuentro con Cristo no nos deja indiferentes, por ello debemos “Actuar”, debemos anunciar la alegría cristiana. Debemos “sembrar”. Merece la pena.

 

 

Explicación del lema:

Es tiempo de SALIR

Salir hacia Jesús para gustar, siempre de nuevo, su misericordia, para que Él nos devuelva siempre la alegría (cf. EG 3). Una alegría cristina que beberá de la fuente de su corazón rebosante y que nos pondrá en disposición de salir a anunciar a todos que “el amor del Señor no se ha acabado” (EG 6). Un anuncio que “no excluye a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría” (cf. EG 14).
Desde esta clave “todos somos invitados a aceptar esta llamada: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG 20). Pero sin olvidar desde donde salimos y desde donde sostenemos nuestra acción misionera: desde la parroquia. Esta “no es una estructura caduca, sino que es la misma Iglesia que vive entre las casas de la gente. Es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento en la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero” (cf. EG 28).
Por tanto, salgamos a ofrecer a todos la alegría del encuentro con Cristo, y la belleza de la vida cristiana. Salgamos sin miedo a ofrecer a nuestros hermanos una vida llena de la fuerza, luz y consuelo que da la amistad con Jesucristo, una comunidad de fe que los contenga y un horizonte de sentido y de vida (cf. EG 49)

Es tiempo de CAMINAR

Toda acción de salida supone también la acción de caminar. Un caminar donde poder descubrir, en primer lugar, que es el mismo Cristo quien camina junto a nosotros. Que
no nos deja solos, sino que nos acompaña para compartir nuestros gozos o restaurar nuestra esperanza. Y, en segundo lugar, para experimentar la fuerza que supone el caminar juntos en un proyecto común, donde partiendo de una relación personal y comprometida con Dios seamos capaces de comprometernos con los otros y por los otros, visibilizando un testimonio de comunión fraterna y eclesial que se vuelva atractivo y resplandeciente para todos. ¡Estamos en la misma barca y vamos hacia el mismo puerto! (cf. EG 99). “En esto reconocerán que sois mis discípulos, en el amor que os tengáis unos a otros” (Jn 13, 35).

Es tiempo de SEMBRAR

Por el Bautismo todos estamos llamados a anunciar el Evangelio, a sembrar la Palabra de Dios en el corazón de todas las personas que necesitan vivir con alegría y esperanza. “Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos «discípulos» y «misioneros», sino que somos siempre «discípulos misioneros»” (EG 120). “Todos somos llamados a ofrecer a los demás el testimonio explícito del amor salvífico del Señor, que más allá de nuestras imperfecciones nos ofrece su cercanía, su Palabras, su fuerza, y le da un sentido a nuestra vida. Tú corazón sabe que no es lo mismo la vida sin Él; entonces eso que has descubierto, eso que te ayuda a vivir y que te da una

esperanza, eso es lo que necesitas comunicar a otros” (EG 121). Sembrar significa dejarse amar por Dios y responderle con el mismo amor que Él nos comunica, provocando en la vida de las personas y sus acciones una primera y fundamental reacción: desear, buscar y cuidar el bien de los demás (cf. EG 178). Solo así, el fruto de nuestra siembra será, realmente, el Reino de Dios, amar a Dios que reina en el mundo. “En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos” (EG 180).

“Siempre de nuevo”

El aceptar esta tarea como una novedad supone vivir nuestra vida abierta a la acción del Espíritu Santo en nosotros y en la Iglesia. Él es el que sostiene y anima nuestra acción evangelizadora, suscitando en nosotros el deseo de vivir siempre el dinamismo de la fe, que es también el dinamismo del amor, que busca el dar siempre gratis, lo que gratis hemos recibido, sin pararnos en nuestros límites y dificultades, sino dejarnos en todo momento conducir por sus inspiraciones. Transformarnos en “Evangelizadores con Espíritu, que se abren sin temor a la acción del Espíritu Santo”, y dejando que Él infunda en nosotros la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente. (cf. EG 259)