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Desarrollo - Caminos de vida

La vocación de los fieles laicos a la santidad implica que la vida según el Espíritu se exprese particularmente en su inserción en las realidades temporales y en su participación en las actividades terrenas. (…) «La unidad de vida de los fieles laicos tiene una gran importancia. Ellos, en efecto, deben santificarse en la vida profesional y social ordinaria. Por tanto, para que puedan responder a su vocación, los fieles laicos deben considerar las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres, llevándoles a la comunión con Dios en Cristo» (ChL,17).

Doctrina Social de la Iglesia

Una ponencia marco sobre la Doctrina Social de la Iglesia en los ámbitos que vamos a profundizar (familia, trabajo, cultura y política) será el punto de inicio de los trabajos. Con ella queremos reflexionar sobre nuestro distintivo secular como laicos y laicas.
Los seglares nos sentimos llamados por Dios a construir el Reino desde dentro de todo el entramado social, viviendo en primera persona lo ordinario de las estructuras sociales, lo cual implica, en primer lugar, asumir plenamente como valores personales: el trabajo con la propia economía; la condición familiar; y la libertad para organizar la propia vida; por otro lado, en segundo lugar, como dimensiones de nuestro compromiso apostólico aparecen: la presencia cívico-política y la corresponsabilidad eclesial.

 

 

Caminos de vida

A través de 5 caminos de vida: familia, mundo de la cultura, mundo laboral, entorno cívico-político y presencia pública de la asociación, reflexionaremos sobre cómo ser y estar en la sociedad.

Familia

«Querer formar una familia es animarse a ser parte del sueño de Dios, es animarse a soñar con él, es animarse a construir con él, es animarse a jugarse con él esta historia de construir un mundo donde nadie se sienta solo» (Al 321).

“Las familias son la mayoría del Pueblo de Dios. El Evangelio de la familia es verdaderamente alegría para el mundo, ya que allí, en nuestras familias, siempre se puede encontrar a Jesús; él vive allí, en simplicidad y pobreza, como lo hizo en la casa de la Sagrada Familia de Nazaret.
Padres y madres, abuelos y abuelas, hijos y nietos: todos, todos llamados a encontrar la plenitud del amor en la familia (...) Las familias están llamadas a continuar creciendo y avanzando en todos los sitios, aun en medio de dificultades y limitaciones, tal como lo han hecho las generaciones pasadas.”
(Papa Francisco, Encuentro de las Familias, 25 de agosto de 2018)


Mundo de la cultura

Al Papa Francisco le preocupa mucho la cultura: “Construir una verdadera cultura del encuentro que venza la cultura de la indiferencia”, (Santa Marta 14/9/16).
La cultura del encuentro supera la cultura del descarte (LS 22)
Necesitamos un pacto a partir del reconocimiento del otro. Se trata de reconocerle al otro el derecho de ser él mismo y de ser diferente. Reconocer al otro como otro: con su propia cultura, es decir con su propio modo de ver la vida, de salir adelante, de opinar, de sentir y de soñar.


Trabajo

En el trabajo libre, creativo, participativo y solidario, el ser humano expresa y acrecienta la dignidad de su vida (EG 192).

“En las Escrituras encontramos muchos personajes definidos por su trabajo: el sembrador, el segador, los viñadores, los administradores, los pescadores, los pastores, los carpinteros, como San José. De la Palabra de Dios emerge un mundo en el que se trabaja.
La Palabra de Dios, Jesús, no se encarnó en un emperador o en un rey, sino que “se despojó a sí mismo, asumiendo la condición de siervo” (Fil 2,7) para compartir nuestra historia humana, incluyendo los sacrificios que el trabajo requiere, hasta el punto de ser conocido como carpintero o hijo de un carpintero (cf. Mc 6, 3; Mt 13, 55).
Pero hay más, el Señor llama durante el trabajo, como fue el caso de los pescadores a los que invita a ser pescadores de hombres (Mc 1.16 a 18; Mt 4.18 a 20).
(Papa Francisco, 48ª Semana Social de los Católicos Italianos)

Mundo socio-político

El mundo sociopolítico, dice el Papa, no está reservado solo a los gobernantes sino que todos los ciudadanos estamos llamados a ello.

Debemos inmiscuirnos en la política porque la política es una de las formas más altas de la caridad, porque busca el bien común. Los laicos cristianos podemos trabajar en política y en el mundo asociativo para contribuir al bien común según el Plan de Dios.
La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre.
El Papa Benedicto XVI recordaba que «todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis. […] El compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político. […]
“La acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana. Es un programa con el que pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad.”
(Papa Francisco, Jornada Mundial de la Paz 2019)


La asociación.

El compromiso que asumen los laicos que se integran a la Acción Católica mira hacia adelante. Es la decisión de trabajar por la construcción del reino. No hay que «burocratizar» esta gracia particular porque la invitación del Señor viene cuando menos lo esperamos; tampoco podemos «sacramentalizar» la oficialización con requisitos que responden a otro ámbito de la vida de la fe y no al del compromiso evangelizador. Todos tienen derecho, y si son bautizados, obligación, de ser evangelizadores
(Papa Francisco, II Congreso Internacional de Acción Católica, 27/04/17).